Capítulo 3

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A cada cosa que metía en una de las cajas que habían comprado para la mudanza, el corazón de Tao se rompía un poco más. Los recuerdos empezaron a acechar su cabeza, unos hablaban de su madre, otros de Yi Fan. Todo aquello era aún más doloroso si miraba a la persona que lo estaba ayudando con todo aquello, esa persona a la había abandonado y traicionado en el pasado, y lo peor de todo era que desconocía dicha traición.

Su hermana los miraba desde su portabebés con una sonrisa que envidiaba Tao, ya que deseaba volver a esa infancia que lo hacía no entender nada de lo que pasaba a su alrededor. El cojín que SeHun le lanzó en la cabeza para hacer que saliera de sus oscuros pensamientos, hizo que sonriera y que volviera a concentrarse en sacar de allí todo lo que necesitarían para su nueva vida.

La última caja por fin fue embalada y metida en el coche por SeHun, quien le dejo a Tao unos minutos a solas para que pudiese despedirse no solo de su casa, sino de su doloroso pasado. Esperaba de todo corazón que el muchacho pudiese dejar allí todo los malos recuerdos para poder enfrentar el futuro con nuevos ánimos.

Tao miró cada parte del salón, donde en numerosas ocasiones había discutido con su madre y visto películas con Yi Fan. La risita que su hermana le regaló a SeHun como agradecimiento a que la pusiese segura en el coche, hizo que su mirada se endureciera hacia aquellos pensamientos que ahora ya eran el pasado. Con una decisión que jamás había tenido, cerró la puerta con llave y se subió al coche con sus dos acompañantes, dedicándole una mirada a su hermana, a la vez que la cogía de su pequeña y delicada mano, por la que le prometía no abandonarla jamás y hacerse con la fuerza necesaria como para salir juntos de aquella difícil situación.

-OOOO-

Como tantas veces había hecho, preparó el biberón de su hermana tras poner en su lugar todo aquello que habían llevado a su nueva casa. De forma disimulada, observó a SeHun mientras preparaba el almuerzo para ellos, no sabiendo cómo empezar una conversación con la que agradecerle todo lo que estaba haciendo por ambos. No se podía creer que, después de todo el daño que le había infligido, el joven encontrase la voluntad necesaria como para dedicarle una sonrisa de aliento. Estaba seguro que la concentración de SeHun en la cocción de los alimentos se debía a que no quería desviar la mirada por miedo a encontrarse directamente con la de él. Por ello, era consciente de que si él no rompía el silencio, jamás volverían a cruzarse la palabra.

- ¿Cómo te ha ido en este tiempo?- se maldijo por preguntar algo que sabía.

- Bien- se volvió por primera vez a mirarlo, aunque su expresión era seria pese a forzar una leve sonrisa-, he conseguido todo lo que me proponía.

- ¿El amor cómo se te ha presentado?- aquella pregunta también llevaba la intención de saber si podía generar alguna molestia en la vida del muchacho.

- De ninguna forma, desde lo nuestro no he estado con nadie- volvió a la comida al oír el aceite.

- Seguro que no ha sido por falta de oportunidades- intentó ser simpático.

- No-cogió dos platos-. Si te soy sincero, ha sido por falta de ganas y confianza- apagó la vitrocerámica tras echar los dos filetes de carne a los recipientes-. ¿Ya está listo el biberón?

- Sí, estaba esperando a que se enfriara un poco.

- Vayamos al salón, entonces.

El olor que desprendía el filete abrió un poco el apetito de Tao, aunque fue capaz de esperar hasta que su hermana hubo terminado su comida. Sus remordimientos con respecto a SeHun aumentaron cuando se dio cuenta de que el muchacho lo esperó para comer juntos, cosa que también hizo para aprender a darle de comer a la pequeña.

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