Tuve que sacar la cara de la almohada para poder respirar, o por lo menos hacer el intento.
Finalmente opte por acomodarme mirando para el techo, que vale la redundancia decir que no veía nada. El cuarto estaba a oscuras, las persianas tanto como la puerta estaban cerradas y no hace falta decir que no tenía ninguna luz prendida.
El cuarto estaba completamente en negro y en silencio absoluto, solamente escuchaba mi respiración atascada, por los mocos que contenía mi nariz hace aproximadamente 2 semanas.
Agarre con fuerzas mis sábanas y me las apegue más al cuerpo para que de cierta forma me sintiera más protegida.
No quería llorar más, no quería quedarme dormida a causa del sufrimiento que ahora mismo estaba sintiendo, quiero ser fuerte como antes, quiero superarlo y seguir adelante. Pero es imposible.
Hace tan solo dos años me sacaron una de las cosas más preciadas de mi vida y ahora lo único que anteriormente me quedaba.
Estoy destruida y devastada, furiosa e impotente ante la vida.
No le alcanzó con sacarme a mi hermano. Tenía que esperar a que me fortaleciera, pudiera estar bien y alegre como antes, que pudiera superarlo y lograr hacerme entender de qué no podía hacer nada más al respecto, para luego arrebatarme mi padre, lo único que verdaderamente me importaba.
Me he preguntado más de un millones de veces, ¿porque a ellos? ¿porque les pasa todo esto a personas que no lo merecen? Habiendo mil y un delincuentes, que matan, violan, destruyen y maltratan a las personas. Pero las peores pérdidas las sufrimos nosotros, los que hacemos de todo por mantenernos correctos, de alejarnos de lo malo y tratar con todas las fuerzas hacer el bien.
Hoy mismo puedo decir que estoy completamente destruida.
No tengo nada.
Hace dos años atrás, luego de que mi hermano muriera me sentía traicionada. No entendía porque me había abandonado, porque me había dejado sola, con un peso enorme en mi espalda. Con un sufrimiento inexplicable y un dolor irremediable.
Todo el mundo me decía que con el tiempo se pasaría, pero para serles franca, nunca me recupere, nunca lo supere. Soñaba con la muerte de mi hermano y me maldecía a mí misma por no haber aprovechado el valioso tiempo que perdí junto a él.
Cada noche, luego de su pérdida, tenía una serie de pesadillas que inexplicablemente sentía que vivía en ellas, que eran reales en el momento en las que las soñaba, en las que me sentía atrapada con una salida denegada. Esas pesadillas fueron las que me persiguieron durante dos años, hasta que diminuyeron a medida que el tiempo transcurría, pero eran imposibles de borrarlas.
Verlo tirado en el piso, completamente herido y saber que ya no respiraba, me rompía completamente el corazón. Recuerdo como si fuera ayer, cuando salía corriendo de mi habitación por una de las cuantas pesadillas de su muerte y me iba directamente a la de mi padre, para que él me abrazara muy fuerte. Me decía que solo era un sueño y que él iba a estar siempre para mí. Me quedaba dormida en sus brazos y como al día siguiente aparecía en mi cama.
Pero saben que, ahora no lo tengo. No lo tengo para que me contenga ni para que me abrace. Para que me anime a seguir, a no rendirme ni a decaer. A seguir con la frente en alto. A que salga de mi habitación y con toda la fortaleza del mundo me enfrenté a la vida. Qué demuestre el esfuerzo de cada día para mostrarle a la gente lo valioso que es seguir vivo.
Hace dos semanas que mi padre murió. Hicieron todo lo que le hacen a una persona que ya no está con nosotros. Yo me rehusaba a creer que todo lo que estaba pasando a mi alrededor era verdad, el rompecabezas no cerraba completamente. No encajaba como todo esto había pasado tan rápido. De cómo la noche anterior habíamos comido en la misma mesa y reído juntos. De cómo habíamos compartido tantos momentos y que de un día para otro se lo llevaran, lejos, demasiado lejos de mi.
Luego de unos dos años de puro esfuerzo para entender de que mi hermano estaba muerto, entendí que él estaba en un mejor lugar. Que ya no sufría, que estaba en paz y sin preocupaciones. Que podía respirar y estar sin ninguna herida en su cuerpo. Que estaba a salvo en otra dimensión paralela a mi mundo.
Costó, si, como todo en la vida, pero lo acepte como una campeona. En cambio mi madre no.
Ella callo en un pozo, ella decía que él no estaba muerto, que él hablaba con ella cada noche y que nunca había perdido el contacto. Ella se rehusaba a decir que su hijo estaba muero, simplemente se cerraba en su mundo.
Todas las noches, decía que Peter hablaba con ella y le comentaba lo lindo que era en lugar en donde el estaba. Le decía que nunca había sentido tanta paz y tranquilidad en su vida y que no lo cambiaría por nada.
Ella decía que simplemente tenía un charla con su hijo, que era normal que una madre y un hijo hablaran de la vida. Obviamente que era normal que una relación de madre-hijo hablen, intercambien opiniones y se ayuden. Mientras que los dos estén vivos... Y era eso lo que ella no entendía, él estaba muerto.
Fuimos a más de 4 psicólogos diferentes para poder entender y ayudar a mi madre. Ellos no entendían su comportamiento. Ella seguía igual que todos los días, no había cambiado en absoluto su manera de actuar ni de reaccionar ante los problemas. Para ella todo seguía igual.
Lo que nunca entendió es que su hijo ya no estaba.
Se desenvolvió de otra manera al saber que papá ya no estaba, que definitivamente no lo iba a ver más, que ya no respiraba y que no iba a estar con nosotros nunca más. Se podría decir que estaba en una depresión profunda. Se negaba a comer y no quería salir de su habitación por nada en el mundo.
Yo no salgo de mi habitación desde ayer de noche, luego de cenar sola.
Mi madre porque está en su trance en su baticueba. Y mis hermanos porque siguen desaparecidos. ¿Pueden creerlo?
Hace menos de dos semanas que nuestro padre murió, y los dos descorazonados de mis hermanos, no se aparecieron por casa. Solamente se limitaron a llorar en el funeral y hablar de lo buen padre que fue.
Luego de eso, desaparecieron. Completamente. Ya no vienen a casa ni para dormir. Terminaron de alejarse de nosotras, nos dejaron abandonadas, como siempre lo hicieron.
La pantalla de mi celular iluminó la oscuridad de mi cuarto, acompañada de una vibración que percibía al estar apoyada en la mesa.
No contestaba mi celular desde que me encerré en mi cuarto y le había pedido a mis amigos que no me molestaran, que no quería verlos y que me dejaran en paz por un tiempo. Al principio no lo entendieron, porque la primera semana luego de la muerte de mi padre, me llamaban todos los días. Yo simplemente los ignoraba, no contestaba ningún mensaje ni atendía ninguna llamada. Luego de esa semana, ellos lo entendieron y dejaron de molestarme, hasta ahora.
Con no muchas ganas de atender, me removí en mis sábanas y estire mi brazo a la fuente de luz que vibraba en mi mesita de luz.
Luke.
-Hola- hablo él primero, con sorpresa y dulzura en su voz que tanto extrañaba.
-Hola- logre articular luego de tanto tiempo sin pronunciar una palabra.
-Gracias por atender- agradeció mi amigo, sabiendo a la perfección que no me quería preguntar cómo estaba, tendiendo en cuenta que tenía claro como me sentía.
-Gracias por llamar- le agradecí yo a él, dibujando una sonrisa tímida en mi rostro, que él no podía ver.
Hubo un largo silencio, él no queriendo meter la pata preguntando cosas estupidas y yo recordando cómo era entablar una conversación con un ser humano.
-Beth, ¿puedo ir para tu casa?
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El otro
Mystère / ThrillerTe quiero y te odio. Es como si quisiera dispararte y poder detener la bala con mi pecho para salvarte.
