El silencio había inundado la casa de Paula. Hacía ya rato que debería de haberse quedado dormida, pero era incapaz de conciliar el sueño después de la pelea que había tenido con su hermano. Siempre le pasaba lo mismo, se enfadaba y decía cosas horribles que ni siquiera pensaba pero al final el sentimiento de culpa se lo hacía pagar más caro a ella. Por lo menos ya había dejado de llorar. Tenía que reconocerlo: era una llorica. Delante de los demás intentaba fingir que no le importaba nada, y era fácil mentir a los demás; pero no podía mentirse a sí misma.
Se recostó de lado, buscando una postura más cómoda, sin embargo seguía teniendo tanto sueño como cuando estaba boca arriba. Estaba a punto de dormirse cuando su garganta le pidió recuperar todos los líquidos que había perdido, necesitaba agua. Se levantó, casi enfadada con sigo misma, y se arrepintió de no tener una botella en la mesita para esas ocasiones.
Salió de su cuarto, intentando hacer el menor ruido con la puerta y sin encender ninguna luz para no molestar a nadie. Cuando llegó a la cocina le costó un poco encontrar un vaso y el grifo, pero poco a poco y a tientas consiguió dar con todo. Por lo menos después de ese vaso de agua ya podría dormir tranquila. O eso pensaba ella.
Iba por el pasillo, de vuelta a su cuarto, cuando escuchó un ruido que venía desde el otro lado de la casa, del cuarto de sus padres. Sonaba como alguien que se movía nervioso entre las sábanas, como si estuviera teniendo una pesadilla. Agudizó el odio, intrigada, y escuchó unos pequeños murmullos asustados, que por la voz debían de pertenecer a su madre. Paula se preguntó por qué su padre no hacía nada por tranquilizarla, si con el ruido que estaba haciendo a su lado ya debía de haberse despertado.
Iba a cambiar su camino para ver que estaba pasándole a su madre cuando repentinamente los ruidos cesaron, así que Paula se quedó más tranquila. De todas formas, si estuviera pasando algo grave la habrían llamado. Aún así ella se quedó con un mal presentimiento. Y como si el destino estuviese en su contra, justo entonces vio la puerta de la calle, que estaba completamente abierta, y de la impresión sintió como si le inyectaran hielo en las venas. La última vez que había estado allí, durante la pelea con su hermano, no se había fijado en eso, pero juraría que estaba cerrada, ¿por qué ahora estaba abierta? Antes de asustarse pensó que alguno de sus padres podrían haberla abierto. Prefería aferrarse a esa ridícula hipótesis antes que hacer caso al resto de ideas que estaban cruzando su mente.
Se acercó y la cerró lentamente, para no despertar a nadie con el ruido. Entonces volvió a escuchar extraños murmullos, pero esta vez procedían del cuarto de su hermano. Se fijó en que más que un mal sueño, sonaba como si intentara gritar pero estuviera ahogándose con una almohada. Paula tragó saliva, ahora sí que no podía tranquilizarse con la idea de que era solo una pesadilla.
Su primera idea fue volver a su cama, cerrar los ojos con fuerza y esperar a dormirse. Por la mañana sería un nuevo día y desayunarían viendo las noticias, como todos los días. Ella les daría un abrazo a cada uno de ellos y les diría que lo siente, que ese día se había comportado como una estúpida y que los quería mucho a todos.
Pero su intuición le decía que lo mejor que podía hacer en un momento como ese era llamar a la policía. Pero podía estar exagerando los hechos. Lo más seguro es que su casa siguiera tan normal como siempre y no quería tener que explicarles a sus padres y a la policía que los había molestado a todos porque le había dado mala impresión ver la puerta de la calle abierta. No, lo primero que debía hacer antes de eso era asegurarse que de verdad algo andaba mal; y para eso iba a necesitar un arma.
Volvió a la cocina dando unos pasos más inseguros de los que hubiera deseado. Seguía andando con las luces apagadas, pero aún así no tuvo problema para encontrar el cajón de los cubiertos. ¿Cómo no?, llevaba viviendo en ese piso casi diez años, desde que se mudaron cuando ella tenía seis. Se sabía de memoria donde se colocaba todo. Extrajo del cajón un cuchillo de mango grueso, provocando un ruido metálico cuando se deslizó entre el resto de cubiertos. Se lo llevó a la mano izquierda y acarició el filo con su índice. Después de sentir un pinchazo al llegar a la punta se llevó el dedo a la boca, notando el sabor metálico de la sangre. Con suerte sería la única herida que se haría esa noche.
Ahora ya estaba preparada. Pensó que lo peor que podía pasar dentro de lo bueno era que su hermano se llevara un trauma por despertarse de una pesadilla en medio de la noche y que lo primero que viera fuera a su hermana mayor en la puerta con un cuchillo carnicero. Lo mejor que podía pasar dentro de lo malo es que la policía llegase antes de que hubiera heridos pero tuviera que quedarse toda la noche sin dormir.
Ya en el pasillo fue acercándose paso a paso hacia la puerta del cuarto de su hermano, al otro lado del pasillo. El corazón le palpitaba tan fuerte que podía sentirlo en los oídos. El camino se le antojó más largo que nunca, pero al fin llegó a su destino. Se paró en seco ante la puerta cerrada, y esperó. No supo cuanto tiempo pasó hasta que se armó de valor y con una determinación que no creía suya encendió la luz y abrió la puerta, casi dejando escapar un grito de guerra.
No.
No, no, no.
Se le olvidó pensar que podía pasar lo peor dentro de lo peor.
Dentro del cuarto, una persona alta vestida con sudadera negra y una máscara azul que le cubría completamente el rostro, inmovilizaba a su hermano, sujetando sus brazos en la espalda con una mano mientras con la otra le cubría la boca, evitando así que sus murmullos de terror se convirtieran en gritos. A su lado una persona mucho más pequeña, con chubasquero negro y una careta de plástico del mismo color, sujetaba un cúter contra el cuello de su hermano mientras parecía susurrarle algo al oído. Un delgado hilo de sangre manchaba su piel morena, del mismo color que la de su hermana mayor. Sus ojos verdes, aterrorizados, suplicaban que le ayudase mientras que los suyos se quedaban mudos.
Una diabólica risa aguda proveniente de la persona bajita sacó a Paula de su shock. En ese momento se le ocurrió pensar que sus padres habían tenido la misma suerte que su hermano, que si no la había llamado no es porque no estuviera en peligro, sino porque no podía; y que si su padre no hacía nada por ayudarla es porque su turno había llegado antes. Ya era demasiado tarde para remediar lo que había pasado y para evitar lo que iba a pasar. El arma se hundió en su cuello y para cuando su pijama azul marino estaba empapado en sangre toda la rabia que Paula tenía en su escapó de su garganta transformada en un grito. Aún así no fue capaź de moverse y evitar que eso pasara, estaba petrificada. Solo quería decir "no", por si eso ayudaba algo, pero al final su voz fue tan alta que pensó que le dejaría sorda y sin habla durante años. Unas lágrimas se derramaron impacientes por sus mejillas a la vez que ella se dejaba caer al suelo de rodillas, sin fuerza alguna. Esa noche, cuando todavía estaba en su cama, se había equivocado, sí que le quedaban más lágrimas.
"La siguiente soy yo", pensó.
Unas manos de alguien que estaba detrás suya cubrieron su boca con una pequeña toalla blanca. Lo último que vio antes de perder el conocimiento fue los pies de la persona del chubasquero, descalzos, cubiertos únicamente por unos calcetines rosas.
Nota de autora:
Estaba preocupada por no llegar a los cinco votos en el primer capítulo pero al final los ha pasado sin problemas :3 (*ejem ejem* el poder del spam *ejem ejem* Siento a todos los que molesté para que luego no les gustara ;-;). Necesito algo de tiempo para escribir la cuarta parte antes de subir el capítulo 3 así que no lo subiré hasta dentro de dos semanas :( A no ser que este capítulo llegue a 10 votos para la semana que viene :D (ahora sí que me he flipado con el número de votos xD).
Muchas gracias por leerme, no olvides dejar tu comentario ^^
Ah, y una duda que tengo. Este capítulo me ha salido muy largo, ¿los preferís más cortos? Y ya me he dado cuenta de que el gore no es lo mio xD
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Insane
Teen FictionNadie había oído hablar de ellos, un grupo de mancebos asesinos que juegan con nuestras vidas desde las sombras. Ellos se encargarán de cambiar la vida de Paula de la forma más retorcida posible. Ella era una chica cualquiera, viviendo una vida norm...