Paula seguía sentada de espaldas a la pared, asustada ante la chica pelinegra, que la miraba como si fuera basura mientras enredaba uno de los mechones de su pelo entre sus pálidos dedos de afiladas uñas pintadas de negro. Al contrario que la chica de pelo rosa, era muy alta y parecía tener uno o dos años años más que ella. Llevaba un pijama de manga larga completamente negro, que hacía contraste con su piel clara. Un cordel con un pequeño cascabel dorado prendía de su cuello.
-Creerás que estaba dormida, pero he escuchado todo lo que te ha dicho -dijo con desprecio-. No te creas mucho, no todos queremos tenerte aquí. Más que nada eres un estorbo. Además...
Iba a seguir hablando cuando, para fortuna de la pobre Paula, la interrumpió el sonido de alguien subiendo la escalera. Se calló de golpe, como si temiera que la persona que estaba subiendo pudiera escucharla. Paula deseó con todas sus fuerzas que se tratase de la chica pelirrosa. Era una persona muy inquietante, pero al menos no parecía despreciar su presencia. Es más, parecía tenerle mucho cariño y ella no acababa de comprender el porqué. Sin embargo, esta vez fue un chico el que entró en esa habitación, subiendo la escalera de metal con la facilidad de alguien que hace eso todos los días.
La pelinegra pareció relajarse al ver quien era el recién llegado, pero igualmente no siguió hablando.
Era un chico alto y esbelto,con el pelo de color rubio, algunos mechones más oscuros que otros. Lo llevaba despeinado y, por lo largo que estaba, daba la impresión de que debía habérselo cortado hace un tiempo pero no había tenido ganas. Llevaba una sudadera de color verde oscuro, unos vaqueros y unas deportivas negras, un atuendo al que no debía de haber dedicado mucho tiempo para elegir. Su cara cansada decía a gritos que estaba recién despierto y le habría gustado dormir un par de horas más.
-Buenos días -saludó educadamente.
-Buenos días -le imitó ella intentando enmascarar su mal genio.
-¿No vas a soltarla? -le preguntó dirigiendo una mirada hacia Paula.
Como respuesta, la pelinegra la miró por encima del hombro y chasqueó la lengua.
-Te dejo esa tarea a ti, a ver si os hacéis amigos -dijo ella justo antes de caminar hacia la escalera sin ocultar su aparente enfado, casi empujando al chico con el hombro al pasar por su lado, y bajó por el mismo sitio que él había llegado.
Él suspiró, como si estuviera acostumbrado a esas reacciones por parte de la chica.
-No la tomes muy en serio -le dijo tras ponerse de rodillas junto a ella para estar a la misma altura. Sus ojos, a pesar de la pésima iluminación de la sala, se veían de un precioso verde mar, que casi quería ser un azul-. A veces tiene algo de mal genio, pero en realidad es buena chica.
El chico la cogió del brazo, pidiéndole que se girara. Lo hizo con tanta suavidad que ella no pudo negarse. Entonces comenzó a desatar el nudo de la cuerda que sujetaba sus muñecas. Al haber estado todo el rato quieta, ella casi no había sentido ninguna molestia, pero tras soltar la cuerda y que su circulación volviera a circular hasta sus manos, toda la zona empezó a escocer y picar gradualmente en una sensación muy desagradable. Luego, poco a poco, el chico despegó el trozo de cinta que tapaba su boca, que por suerte no se había pegado a muchos de sus cabellos. Mientras él lo hacía, Paula se fijó en el enorme reloj negro que tenía en el brazo izquierdo. Cuando terminó, se sintió aliviada de poder respirar de nuevo por la boca.
-¿Estás bien? -preguntó él.
Paula asintió mientras miraba las marcas rojas en sus muñecas y sus manos amoratadas. En realidad, nunca antes le habían dolido tanto.
-Me alegro -dijo sonriendo. Seguidamente, se puso de pie y le tendió una mano para ayudarla a levantarse-. Siento que te tuviéramos así. Fue decisión de todos y yo no me atreví a contradecirles -dijo. Su voz dulce y su personalidad relajada consiguieron darle a Paula la mejor primera impresión posible-. Por cierto, puedes llamarme Kendall.
Ella cogió su mano y dejó que la levantara. Tenía las piernas muy dormidas, pero después de unos cuantos balanceos fue capaz de quedarse de pie. Él era más alto, así que tenía que levantar la cabeza para mirarle a los ojos. Quiso decirle su nombre y agradecer que la hubiera soltado, pero su voz no salía. Se asustó al pensar que podría haberse olvidado de hablar.
-No importa, ya nos dirás tu nombre cuando puedas -dijo él, que parecía haberse dado cuenta de lo que le pasaba. Y no estaba muy sorprendido por ello.
Ella pensó que después de todo había tenido suerte de que subiera ese chico en lugar de la inquietantemente risueña chica pelirrosa.
Nota de autora:
Os estaréis empezando a dar cuenta de que la extensión no es lo mío xD Tenía pensado meter muchas más cosas en este capítulo, pero como no me daba tiempo para subirlo hoy lo he dejado para el siguiente. Tengo que dejar de prometer capítulos en tan poco tiempo, que luego pasa lo que pasa...
En fin~ ¿Os han caído bien Kendall y la pelinegra de nombre actualmente desconocido? Dejadme vuestras opiniones en los comentarios :3 Os recuerdo que podéis comenta y tal y también existen los votos (?)
Muchas gracias por todo el apoyo que me dais por ask ^^ Si queréis, dejadme vuestros nicks de ask para que pueda stalkearos 7u7 (aunque creo que ya os sigo a todos).
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Insane
Roman pour AdolescentsNadie había oído hablar de ellos, un grupo de mancebos asesinos que juegan con nuestras vidas desde las sombras. Ellos se encargarán de cambiar la vida de Paula de la forma más retorcida posible. Ella era una chica cualquiera, viviendo una vida norm...