Capítulo 13

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Al día siguiente Siraj y el resto de los hombres salieron con renovadas fuerzas, su objetivo: Rescatar a Kariima, Siraj no iba a permitir que se la quitaran, al menos no de esa forma. Viajaron casi todo el día y no pararon ni para comer, no podían perder el tiempo, Kail estaba demasiado aturdido, adolorido y desesperado por encontrar a su hija, a su única hija, sus hijos no estaban mucho mejor, Hakim estaba terriblemente avergonzado por lo que estaba ocurriendo y finalmente estaba Siraj cuyo dolor no podía ser descrito y que sentía que se asfixiaba, la ausencia de Kariima lo estaba desquiciando y el hoyo en su pecho no ayudaba en nada.

Avanzada la tarde Siraj dio la señal de parada, nadie quería detenerse, pero aun así lo obedecieron, él se adelantó unos metros del grupo y muy en contra de su voluntad bajo del caballo – ¡¿Qué pasa Siraj?! – pregunto Kamil, Siraj no le contesto solo se hinco en la arena y tomo un puño de tierra – demonios – murmuro Kamil, iba a darle alcance pero Hakim se lo impidió

– espera... él sabe algo... dale unos minutos

De mala gana Kamil espero, después de un rato Siraj soltó un alarido sonoro en señal de frustración – hasta aquí llegamos – anuncio Hakim

– ¿Qué? – pregunto Imad

– no podemos seguir él lo sabe

Siraj se acercó a ellos – tendremos que acampar aquí – anuncio

– ¿Por qué? – insistió Imad

– la temperatura va a descender en menos de lo que te imaginas, nos congelaremos antes de poder continuar

– ¿Cómo lo sabes? – cuestiono Issam

– La arena – contesto como si eso lo explicara todo

Los desilusionados hombres decidieron hacerle caso, bajaron de sus caballos y comenzaron a acampar, aquella iba a ser una larga noche.

Por otra parte Kariima, nuevamente se hallaba echada en la arena rogando por alguna oportunidad para escapar, no la dejaban acercarse a su caballo a menos que fuera para continuar con su camino; planeaban venderlo lo sabía por qué a aquellos hombres no les importaba discutir sus planes frente a ella, más de uno había expresado su agrado por el animal, pero también a más de uno derribo al parecer solo la obedecía a ella y eso a ninguno de ellos le convenía, venderlo y que se convirtiera en el problema de alguien más era la mejor solución, al escuchar aquello Kariima entristeció, ese caballo y las pulseras era lo único que conservaba de Siraj y no le apetecía perder a ninguno de los dos – nos sacare de aquí – le decía en cada ocasión que lo cabalgaba – no sé cómo, pero te prometo que nos sacare de este lugar... recordaba también a su madre ¿Qué dolor le debía estar provocando en esos instantes? Su padre ¿Estaría bien? Y sus hermanos como extrañaban sus bromas y travesuras... ahora más que nunca anhelaba estar en su hogar, riendo, tal vez cenando en familia o platicando con su madre y su tía Cristiana... luego estaba Siraj ¿Habría recibido su mensaje? ¿Estaría buscándola? ¿Estaría molesto? ¡Ah! Incluso extrañaba las riñas con él... tan solo habían transcurrido dos días y todo parecía tan lejano, se preguntaba qué sucedería si de verdad no los volviera a ver.

Mientras tanto el fulano que ella reconocía como el más inteligente la vigilaba, de nuevo... refunfuño con hastió nuevamente, él sabía que no lo soportaba pero ¿Quién diablos lo iba a tolerar? Es decir el día anterior él y sus socios la habían secuestrado, era la primera vez que lo hacía y la verdad es que ya estaba más que arrepentido ¿Por qué se había dejado convencer por aquellos tipos? Comida se recordó a si mismo su gente necesitaba comida, con lo que les dieran por la chica y el caballo bastaría para alimentar a la gente de su pueblo como por un mes, pero entonces ¿Por qué todo el asunto le hacía sentir tan mal? Ella se veía triste Torpe se reprendió No es como si ser secuestrado fuera un paraíso claro que estaba triste, seguramente extrañaba a alguien, su familia quizá... él extrañaba a la suya, la verdad es que estaba bastante temeroso ¿Qué sería de ella cuando la vendieran? No se reprendió aparta esos pensamientos si seguía pensando de esa forma seguramente terminaría cometiendo alguna locura, ella veía las estrellas y frotaba dos pulseras de plata – Siraj – escucho en un murmullo – Siraj – volvió a murmurar, le partía el corazón, pero su gente moría de hambre ¿Qué podía hacer? Trato de ignorarla... no funciono.

LA ESCLAVA Y EL REY: AtadurasDonde viven las historias. Descúbrelo ahora