Tarde media semana en recuperarme de los altercados de aquel día. Mi autoestima quedo machacada y aun habiendo superado la ruptura no sabía si volvería a conseguir trabajo. Las últimas tres veces conseguí el trabajo con más de diez intentos, es decir, en mi caso tres de cada diez entrevistas me daban frutos, el resto sólo basura.
Ahora mismo me encuentro en la cama gimiendo como un vagabundo que tiene sed y, girando como una croqueta de un lado al otro de la cama. Siento tanta frustración que no sé de qué me servirá levantar me hoy. Sinceramente: no pienso salir de la cama. Prefiero hundirme como el Titanic por lo menos…un poco más. Pero como me ocurre la mayoría de las veces: pienso una cosa y hago otra.
Por lo tanto me levanto con mi aura de sopor y arrastro la manta tras de mí. Voy hacia la nevera, saco una tarrina de helado, enciendo la televisión y me siento. Automáticamente sale en la pantalla Plain Jane una de mis series reality favorita. Suspiro, todas las chicas que salen en este programa me dan una gran envidia. Yo nunca he podido llevar una relación más allá de los besos castos y las caricias. La única vez que tuve una relación claramente sexual fue con mi mano derecha por la época de la adolescencia. No es que yo sea tímida, lo que me pasa a mí es que no confío en los hombres. He visto demasiadas rupturas que no salieron bien y la verdad, yo no quiero sentir ese rencor y dolor que quedar tras la relación. No quiero, no puedo, me supera.
Empujo una gran cantidad de helado hacia mi garganta y me obligo a tragar. Ahora la presentadora, Louise, somete a la “chica del montón” a su mayor miedo y yo no puedo evitar el pensar “Si esa chica fuera yo diría que mi gran miedo es el amor…y el buscar trabajo pero eso ya lo dejamos para después.”
Meto más contenido de la tarrina en mi boca y justo llaman. Miró hacia el teléfono irritada por su sonido estridente considerando la idea de no cogerlo pero al ver la identificación como “Irina Móvil” suspiro y contesto.
-¿Diga?- Mi voz sale un poco atragantada por el helado que todavía estaba en mi boca. Me atraganto y empiezo a toser como si me estuviera dando un ataque. Suelto el teléfono en la mesita y voy corriendo al fregadero decidida a escupir el contenido que obstruye mi garganta. Según que hago esto, noto la quemazón en mi faringe, toso un poco más profundamente irritada conmigo misma y me dirijo al frigorífico del que saco agua para calmar la quemazón.
Vuelvo a la sala con la botella de agua en mis manos todavía y contesto de nuevo.
-Perdón, no quería molestarte.- dijo la voz preocupada de Irina.
-No te preocupes no ha sido tu culpa.-
-¿A divina qué?- dice con una sonrisa que sabía que estaba en sus labios.
-Dime.- Contesto no muy dispuesta a las adivinanzas.
-¡Te he conseguido una entrevista de trabajo!- La alegría rebosa de sus palabras pero yo no puedo hacer otra cosa que tiritar ante la idea de volver a exponerme delante de gente evaluadora. LO DESTESTO.
-¿De qué es la entrevista?- La pregunta tiene un pequeño tono agrio que espero que ella no note, ya que, se había esforzado en buscármelo.
-Para “El Eden, paraíso y moda”.- ¡Geniiiaaal! Para una revista de cotilleos. No conozco a gente con más prejuicios. Prefiero trabajar en el McDonals.
Pensé.
-Ufff…No es que yo no esté agradecida pero… ¿Estás segura de que ese trabajo es para mí?- La curiosidad picaba en mi nuca. Quería saber cómo ella me veía para haberme conseguido tal trabajo. Yo nunca había demostrado una, aunque fuera pequeña, afición por el cotilleo.
-Bueno…no sé. Pensé que te gustaría cambiar un poco de aires.- dijo dubitativa. Suspiré. Sólo a ella se le podía ocurrir una idea tan tonta.
Después de esto el siguiente nivel es presidenta corrupta de algo… La comunidad por ejemplo. Ja, ja. Ya tengo planes malvados: mataré al perro de los vecinos, le echaré la culpa a los críos y correré por la tierra salvaje rodeada de lobos. JA, JA. Ok, no.
-¿Irás? La entrevista es a las cuatro. Tienes cosa así como dos horas y media para prepararte, te llamarán para decirte si estas contratada o no y después te enseñaran tu puesto.- Informó Irina.
-Irina Waltters Steele…-salté en el tono más serio que pude aunque antes de poder terminar ella me interrumpió.
-Yo no me llamo así.- replicó ella haciendo un puchero al otro lado de la línea.
-Calla, te llamarás como yo diga que te llamas…- Siempre la gastaba esa broma. En realidad no era una broma porque siempre se me han olvidado sus apellidos. Hubo una ocasión en la que olvidé los míos cuando un chico guapo me lo preguntó y tuve que mirar la tarjeta de identificación que llevaba en el bolsillo. De repente con la mente en blanco.
-Pero yo no me llamo así…- Hizo otro puchero. “Puchero, puchero” repetía en mi cabeza imaginándomela en el otro lado al teléfono.
-Lo sé. Tu nombre es un asco.- dije con sorna.
-Puta.- soltó burlona y dejando de hacer pucheros.
-Sí pero me quieres y no tienes remedio.-
-Uff, ¡cuánta razón!- dijo sarcásticamente.
-¡Y que lo digas! Estás hablando con la persona más sabia del planeta.- La más sabia sin tener en cuenta mis múltiples meteduras de pata en lo relativo a los negocios, el amor, la amistad, los estudios…Vamos, lo que es la vida en general y lo peor de todo es que ella lo sabía. Escuché un bufido abatido entre risotadas.
-Ja, ja, ja, ja… ¡Pongámonos serias! ¿Qué decías antes de que te interrumpiera?- Preguntó Irina a la vez que me devolvía a la realidad.
-Irina Lee Park, ¿me vas a acompañar?- dije de vuelta a la seriedad del asunto.
- ¡Por supuesto! ¡No puedo dejar que vayas hecha un cristo!- contestó indignada.
Sonreí nerviosa. No había nadie que me conociera mejor que ella. Tras haber colgado, me duché, seleccioné mi mejor falda y mi mejor blusa y esperé la llegada de Irina con impaciencia. Apenas me quedaban cuarenta y cinco minutos para la entrevista y yo no podía estar más nerviosa.
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El amor y 10 cosas que temo. (Título provisional)
FantasySinopsis: Me llamo Angie Weiss, vivo en mi querida ciudad de ensueño y creo que me estoy volviendo loca. Cierta noche miré al vacío techo de mi cuarto y susurré para mí misma que quería un cambio. No podía estar más equivocada. Los cambio...