Los que llevan maldad en su interior se les nota en la mirada, lo reflejan con palabras y lo confirman con sus actos.
Todo el tiempo que pisé el comedor general, donde me encontraba con personas enfermas, ponía atención al calendario debajo del reloj que posaba sobre el umbral de la entrada a este. Al parecer el personal era encargado de cambiar los números todos los días. Éste me informaba que había pasado ya un mes desde que yo había agredido al doctor Russell. Por supuesto él no mencionó nada al respecto sobre lo sucedido aquel día, mi mente se había quedado en blanco, no tenía idea de cómo actuar o qué decir, simplemente sentía vergüenza por mí mismo.
Mi raciocinio sabía perfectamente que el doctor Russell no se lo había tomado personal, era su trabajo y él era consciente de que mi ''enfermedad'' me hacía tener esos ataques.
Lo que no sabía era que esos hijos del demonio me atormentaban todas las noches.
Después de mi ''caída'', como la llamaba mi doctor, las voces siguieron susurrándome, diciéndome cosas como:
''Nunca tendrás amigos''
''Eres nuestro''
''Aléjate del tonto de Russell''
''Él cree que eres un asesino''
''Asesino''
En mi subconsciente sabía que eso sólo era producto de mi imaginación. Lo que no digería era el por qué yo creía en ellas.
Una vez que estuve dentro del consultorio el doctor Russell sacó la inyección de mi antebrazo y dejó escapar un suspiro pesado.
—¿Y cómo te encuentras ahora? —él caminó hasta su sofá y se sentó enfrente de mí.
Le observé meticulosamente, era un señor de edad media, pero quizá el trabajo y el hecho de que llevaba gafas lo hacía parecer un anciano. En el momento que iba abrir la boca para responder su pregunta la puerta de su oficina se abrió revelando a una jovencita. Esta sólo se limitó a parecer avergonzada ante nosotros dos. No había visto a chicas como ella por aquí, las únicas con las que compartía un espacio de mi tiempo era con las pacientes internadas en el hospital Roden, eran chicas que sufrían alguna enfermedad mental y no tenían tiempo de fijarse en algún ser vivo a su alrededor. Ellas sí estaban locas y eso me hacía sentir normal, no entendía por qué yo también estaba en ese lugar.
—Lo siento. —se disculpó ella, sus mejillas se enrojecieron e intentó regalarnos una sonrisa a ambos. Mis pupilas permanecieron en ella mientras se acercaba al doctor, llevaba consigo una bandeja de comida y una bebida, supuse que era para Russell—. Traje su almuerzo, doctor.
Él asintió amablemente ante sus palabras.
—Gracias, Ana. —Russell le señaló su escritorio—. Déjalo ahí, por favor. —ella se encaminó lentamente y puso la bandeja sobre la madera. Mis ojos divagaron hacia el doctor, él parecía estar pensando algo cuando se quedó en silencio por varios segundos, apretó sus labios y volteó a verme—. Ven aquí, Ana. —le pidió a la chica de cabello café.
Ana se acercó a nosotros a paso lento. Sus ojos oscuros, redondos y grandes me escudriñaron vehementemente, me sentí vulnerable, yo no veía nada a través de ellos, su nariz era pequeña y respingada, sus labios estaban maquillados ligeramente de color morado. Como dije, ella parecía ser una chica indiscutiblemente diferente.
—¿Qué pasa, doctor? —sonrió naturalmente, Russell dejó de observarme para clavar sus ojos en ella y luego me señaló.
—Él es Isaac Warner, lleva prácticamente dos años en el hospital, no tiene amigos y creo que tú puedes ser amiga de él. —inquirió aunque sus palabras sonaban más a afirmación.
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MONSTRUOS DE MEDIANOCHE ©
Mystery / Thriller(COMPLETA) [Sin editar] (Subiendo la nueva edición) ''Todo el que crea un monstruo, tarde o temprano ha de destruirlo, o el monstruo lo destruye a él...'' Dicen que tu imaginación es poderosa, ¿pero qué tan poderosa podría llegar a ser? Escuché una...
