doce.

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los incendios domingueros cesaron y todo era tranquilidad. tyler pasaba más tiempo junto a mí y en nuestro estado de ebriedad decidimos que sería fantástico tatuarnos nuestros nombres en la pierna del otro.

fue un desastre, recuerdo despedirnos de nuestros amigos a medianoche y seguir deambulando toda la madrugada con él, tirando huevos a las ventanas de los autos y correr cada vez que sonaba una alarma.

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