dieciséis.

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era como si ya no estuviera ahí, como si fuera invisible a los ojos de todos. mi piel estaba más pálida por falta de sol, mi voz ronca, sólo pronunciaba monosílabos en vagos susurros.

las lágrimas se multiplican y se niegan a parar cuando miro su nombre en mi muslo, esperando que él esté bien, mirando el mío en el suyo.

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