Me desperté debido a un golpe en mi cabeza. Cuando abrí los ojos, todo daba vueltas. El auto estaba empezando a incendiarse y yo no podía moverme. Estaba mareada por tantos giros, y el humo que salía del motor me ahogaba. No era consiente de cuántas veces giró el auto, pero, cuando paró, estuve a punto de perder la consciencia; pero me acordé: Francisco...
—Ana... Ana...
Desperté, sobresaltada. Me sentí fría y mojada de sudor. Me moví, aún sin querer abrir los ojos, buscando a mi hermano. No estaba. Abrí los ojos. Mi abuela estaba al pie de la cama, mirándome preocupada.
Yo tenía el mismo sueño que mi hermano. O algo parecido, al menos. Aunque no estoy segura de cómo es que el se acuerda. Apenas tenía el tres años cuando...
—Gritabas y...
—Ya lo sé –Le corté a mi abuela. Miré la habitación y vi el uniforme. La escuela!–Es... Tengo que levantarme ya?
—Es un poco temprano, pero creo que deberías darte una ducha antes de ir.–Me dijo mi abuela, mirándome. Sí, tenía razón. Tanto mis sábanas como yo estábamos empapados en sudor. No era siempre así, yo no soñaba todos los días. Pero cuando lo hacía, mi sueño era siempre alguna versión de...
—Bien. Gracias por despertarme, abuela. Enseguida bajo a desayunar.–Mi abuela se levantó y, después de darme un beso en la frente, salió de mi habitación para darme tiempo a ducharme y prepararme.
A veces creo que nunca les demuestro suficientes veces el cariño que les tengo. No sé que haría sin ellos. Tengo que esforzarme más en demostrarlo. Especialmente porque sé que... bueno, mi abuelo ya es muy grande; tiene alzhéimer y un problema en la sangre. Sin mencionar que su corazón aumenta de tamaño cada día. Sé que voy a perderlo pronto, solo que... no quiero aceptarlo. Simplemente no puedo. No sé que voy a hacer cuando el no esté.
Me dí una ducha de 5 minutos, me puse el maldito uniforme de ese puto colegio católico, agarré mi fluorescente mochila y bajé a desayunar. Mi abuela preparó panqueques con dulce de leche y un vaso de yogur líquido. Tomé todo rápidamente y saludé a mi abuela. Le dije que salude al abuelo de mi parte, ya que el dormía hasta tarde
Subí a mi moto, y arranqué hacia el nuevo colegio. Porqué un nuevo colegio? Verás, como estoy bastante lejos de la ciudad, mi abuela insistió en que debía ir a un colegio que se encuentre más cerca. Obviamente, yo me negué, porque no estaba dispuesta a dejar a Melissa en ese colegio plagado de perras acosadoras, ni a Alex. Digo, quién va ahora a defenderlo de todas esas putas en vela? Melissa? Jajajaja, no lo creo. Ella es muy buena persona como para hacerlo. Siempre soy yo la de las peleas. Pero bueno, como siempre, todo sea por hacer a mis abuelos felices. En fin, acepté solo por ellos.
Éste era un colegio que se encontraba, prácticamente, entre el campo y la ciudad. Asistían la mayoría de los chicos que vivían en la parte más alejada la ciudad, ya que les quedaba más cerca este colegio que los del centro; y los pocos chicos que viven en el campo.
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No te ilusiones
Teen FictionAna no cree en el amor, de ninguna manera. Para ella, todos los chicos son iguales: idiotas, superficiales, mentirosos, mujeriegos, bipolares. Imposible entenderlos. Y todos son iguales hasta que conoce a West, un odioso chico competitivo, testarudo...
