Una cena con los Turner

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Cuando llegué a mi casa, les conté a mis abuelos cómo me fue hoy. Un un hermoso y tranquilo primer día. Nótese mi sarcasmo.

Mi abuela se enojó cuando le dije porqué me castigaron y me dijo que tenía que aprender a controlar mis impulsos. Já! Como si eso fuera posible. Soy impulsiva, desordenada y contestadora, eso no va a cambiar.

Decidí no contarles lo del trabajo con West. Lo haría sola, y le pasaría el trabajo. Salimos bien ambos: yo, no tengo que verlo fuera del colegio y, qué chico no estaría contento con eso de que te hagan el trabajo?

Terminé de comer, y me dispuse a subir a ducharme y... hacer la tarea? Si, yo, haciendo la tarea. Es algo raro, porque nunca la hago. Siempre me la pasa Mel. Pero bueno, ella no esta en este colegio, todavía no tengo mucha confianza con Daniela, y no tengo nada que hacer porque estoy peleada con mis dos mejores amigos. Pfff, todo lo que tiene que pasar para que haga la tarea.

Cuando me dispuse a abrir la mochila, me la quedé mirando como si fuera un bicho raro. Dentro, entre mis libros, había otra rosa. Pero qué...?

—Ana!–Me llegó la voz de mi abuela desde el piso de abajo, interrumpiendo mis pensamientos–Acabo de hablar con la señora Turner!! Van a venir a cenar, asi que tenes que prepararte para la noche!

Me quede como paralizada un momento.

Esperen, esperen...

Q U E ? ! ? !

QUE QUEEEEEÉ?!?!?!–Le grité a mi abuela. Corrí hacia abajo, como si me estuviera persiguiendo el diablo y gritando como loca, a pedirle clemencia a mi abuela. Esto definitivamente no puede pasar. No, no, no. Ella estaba sentada en la mesa, con el teléfono todavía en la mano–NONONONONO. NO, ABUELA, NO. NO PODES DEJAR ENTRAR A ESE IDIOTA A N.U.E.S.T.R.O SANTUARIO PRIVADO DE LA VIDA!!!–Creo que exageré un poco, pero todo sea por no tener a West en mi casa.

Mi abuela me miró como si estuviera loca, lo cual probablemente es verdad. Tengo mis firmes sospechas de que está pensando en mandarme a un internado para gente anormal algún día.

—Ana, de qué idiota estás hablando? –Me dijo mi abuela, mirándome enojada–No quiero ni llegar a enterarme de que tratas mal a...

—De ese tal West, estoy hablando!! Es un maldito idiota insufrible, abuela!!

—Ana!! Ese "maldito idiota insufrible" te ayudó a llegar a casa cuando, evidentemente, tus amigos te habían abandonado y...

—ABANDONADO?! ABUELA! Ellos no me abandonaron! Nunca, pero que nunca me dejarían así tirada, no te parece? No los conoces ya lo suficientemente bien?–Le dije. A ella nunca le habían gustado mucho mis amistades, aunque Melissa era realmente una chica encantadora. Puede ser que Alex no le haya caído bien, porque anda con TODAS las chicas, pero... la verdad, que piensa?? Que West es un santo?

—Ana. No voy a pelear contigo por esto, ni por nada. Los Turner van a venir a cenar. Vos vas a prepararte, vas a comportarte con ellos, vas a ayudarme a preparar la cena y vas a dejar de insultar a ese chico West. Él es adorable, realmente. Ésa es mi última palabra, entendiste, Ana?

La miré, enojada. Refunfuñé, y subí a mi habitación. Cerré de un portazo, enterré mi cara en la almohada y grité de frustración. Maldito West. Lo odio. Já, ya va a ver que no tiene que meterse conmigo. En ese momento, recordé que tenía la rosa que encontré en mi mochila tirada por ahí. Me levante de la cama y la agarré. No voy a dejar que ese cabrón inútil me estrese de este modo. Quería jugar? Ya iba a jugar.

Puse la flor en mi mesita de luz, junto a la foto de mis padres y mis hermanos...

Me duché y empezé a buscar entre mi ropa algo provocativo para ponerme hoy. Encontré algo perfecto: un vestido negro, ajustado al cuerpo que resalta perfectamente mis curvas, a tres dedos sobre la rodilla. Unos tacos plateados de aguja que eran de mi madre. Perfecto.

No te ilusionesDonde viven las historias. Descúbrelo ahora