Capítulo 9

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El incesto es ilegal ¿no?...

No me tomé la molestia de devolverle el beso, simplemente me pasme.

Muy bien, Louis. Tu siempre sabiendo afrontar las cosas.

Como era de esperarse mi mente en cierto punto reaccionó, tan de golpe que giré la cabeza que de la brusquedad me dejó un dolor insoportable en el cuello.

Ahogue un gemido de dolor.

Él se separó riendo. Riéndose de mi, de lo que hizo. ¡Que descarado!.

—¿Que te pasa, imbécil?.

—Nada. —Se limitó a decir, encogiéndose de hombros y dando la vuelta en su lugar, dispuesto a irse. Más no lo dejé, tomé su mano e hice que girará a verme.

—Ahora me dirás que fue eso.

—Un beso, Louis. No creo que no lo sepas.

—¿¡Por qué lo has hecho!?, A eso me refiero idiota.

—¿Te puedes calmar?, si crees que cometí incesto te equivocas.

—No entiendo pero nada lo que dices. —Se giró nuevamente pero esta vez si salió por la puerta, él se fue. Y yo seguía sin comprender nada.

Ignorando su repentino y drástico comportamiento me recosté en la cama y pronto ya me encontraba dormido... y soñando:

Caminaba por una casa deshabitada, estaba muy oscuro y bajo mis pies la madera crujía de manera sonora y alarmante; recorrí varios de los pasillos, hasta llegar a toparme con una pequeña sala de estar. Me encontraba rodeado de cuadros, de esos que te hacen sentir miedo con sólo verlos, porque de alguna manera simplemente te hacen olvidar de todo, absorbiendote, consumiéndote hasta el punto de dejarte anonadado y totalmente aterrado.

Frente a mi una silla de madera negra se posaba, estaba justo en el medio. Y no había mesas rodeándola, ni más sillas, sólo eso y sobre ella una persona. Con especificación, una chica, de pelo negro hasta los hombros y estrecha figura... al menos eso fue todo lo que la vista me podía gratificar sobre su apariencia.

Parece que la conocía, yo al parecer tenia algún lazo con ella...

—Cara. —Llamó una voz y la chica se levanto de golpe. Cuando lo hizo su estatura se disminuyo y mi confusión aumento más cuando la niña se acercó a mi. Tal parece, yo la había llamado.

—Diga. —Comentó en tono obediente, yo solo sonreí y me perdí en el azul de su mirada. Era muy profundo, tan, pero tan cautivador.

—Voy a salir. —Dijo mi voz de repente. Todo estaba calculado...

—¿Quieres que haga lo de siempre?. —Susurró en tono dulce—. Ya sabes, eso de decirte una frase, y que la analices en tu viaje, como un acertijo. —Chilló lo ultimo emocionada—. Hoy tengo uno especial. Uno que te va a encantar, tía.

Tía, tía... tía. ¿Tía?.

No entendía nada, y lo único que me quedo que aquella pesadilla gravada fue el acertijo.

—La luna se esconde cuando sale el sol, porqué su resplandor es tan gratificante, que se comenta que esta del regocijo que se hace sentir, no puede verla, porque siente que se consume. Tía, ¿qué se consume el sol?.

Y desperté, y todo estaba oscuro.
 

Mi mente no dejaba de repetirme el acertijo.

Miré hasta la ventana y observe la luna, y lo hice por un extenso momento, quizá por largos minutos.

La última Mariposa Del Jardín (L.S)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora