Anna miró con el ceño fruncido a la cerca de más de 1'80 de altura. No tenía ni idea de quién estaba al otro lado pero sí sabía quién estaba en este lado. Gareth y Beth, su hermana, y Anna no tenía ningún deseo de hablar con ninguno de los dos. La voz de Beth se hizo más fuerte mientras caminaba por el sendero del jardín. Anna miró de nuevo la cerca. Ella estaba fuera de la vista, detrás de un cobertizo, y si hubiera estado en los brazos de un hombre, habría estado bien, pero no lo estaba. No había ninguna excusa razonable para estar al acecho, sola, al fondo del jardín cuando la fiesta estaba dentro de la casa. Anna había estado comiendo, bebiendo y había tenido un momento relativamente tranquilo hasta que Gareth había llegado y había comenzado a soltar mentiras. En lugar de discutir, ella quería huir. Antes de que algún pensamiento pudiera detenerla, Anna se puso el asa de su bolso entre los dientes, trepó sobre un montón de troncos apilados y balanceó una pierna sobre la valla. Sólo necesitaba esconderse en el patio del vecino de al lado durante unos minutos hasta que Beth y Gareth hubieran vuelto dentro Anna esperaba que los vecinos no tuvieran perro. Un poco tarde para pensar en esto cuando ya estaba sentada ahorcajadas sobre la valla, agarrándose fuertemente con los brazos y las piernas. Cuando la estructura comenzó a balancearse como un péndulo lento, Anna se preguntó si la decisión de subirse o volver iba a depender ella. Todavía dudaba. El jardin estaba oscuro y tranquilo. Muchos arbustos y árboles. Ningún signo de perros, pero probablemente, habría un tigre o dos al acecho.
-Anna, ¿estás aquí? -la llamó Gareth.
Mierda.
Anna dejó de pensar y sin más lo hizo, balanceó su otra pierna por encima y se dejó caer. Sólo que no era tan simple como eso. La tira del hombro de su vestido se enganchó y tiró de ella hacia atrás. Anna se deslizó, acompañada por el sonido de la rasgadura y el dolor de algo agudo clavado en su trasero. Cuando el bolso cayó de su boca y ella cayó sobre sus rodillas, apretó los dientes para detener el grito de dolor que la recorría.
-¿Qué fue eso? -preguntó Beth.
-Anna, ¿eres tú?
Anna miró airadamente hacia el sonido de la voz de Gareth y luego se arriesgó con un maullido débil. Trató de avanzar lentamente lejos de la valla pero esta no la dejó marcharse. Con una habilidad que no sabía que tenía, Anna logró transformar un chillido en un miau largo.
-Miaaaauuuuuuu
Joder, su maullido sonaba realmente lastimoso.
-¿Crees que es un gato herido? -preguntó Beth
-Será mejor que lo comprobemos.
Maldita Beth y su obsesión con los programas de televisión sobre rescatar animales. Anna dio un tirón de su vestido, desgarrándole y quedando libre. Superó el dolor y con desesperación agarró el bolso y trepó por la maleza en busca de un lugar para esconderse. Descubrió un gran depósito de plástico azul, algo parecido a lo que ella y Beth habían utilizado una vez como un foso de arena. Anna se escabulló por debajo y contuvo otro grito de dolor cuando se acurrucó.
Compartiría ese espacio con algún gusano. O una araña. ¡Oh, Dios! O una serpiente.
-¿Lo ves, Gareth?
Oh, joder, ¿acababa él de ver lo que ella había hecho?
-No hay rastro de él.
-El pobre parecía herido -dijo Beth
-Ese triste maullido
Anna puso sus ojos en blanco.
-¿Qué buscan ustedes?
El corazón de Anna brincó. La voz de un hombre y no era Gareth. El tipo parecía cerca de su lado en la valla.
-Hola, pensamos que oímos un gato con problemas en su jardín-dijo Beth.
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Anna en el Medio
RomanceAnna está en medio de un lío. La está persiguiendo un tipo manipulador que está a punto de casarse con su hermana y que encima ha convencido a todos de que Anna está celosa. Su suerte cambia cuando conoce al alto, moreno y guapísimo Jax. Per...