Capitulo 11

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No me habria presentado voluntario para entrenar a los iniciados de no ser por el olor de la sala de entrenamiento: el aroma a polvo, sudor y metal afilado. Era el unico lugar en el que me habia sentido fuerte, y cada vez que respiro este aire vuelvo a sentirme asi.

En un extremo de la habitación hay una plancha de madera con una diana pintada. Contra la pared hay una mesa cubierta de cuchillos para aprender a lanzarlos; son feos instrumentos de metal con un agujero en la punta, perfectos para los iniciados inexpertos.  Alineados frente a mi entan los trasladados de otras facciones que todavia llevan, de un modo u otro, la marca de su procedencia: el veraz de espalda recta; el erudito de mirada penetrante; y la estirada, que se apoya sobre la puntade sus pies, lista para moverse.

- Mañana serael ultimo dia de la primera etapa- dice Eric.

No me mira; ayer lo heri en su orgullo, y no solo durante la captura de la bandera: Max me llamo en el desayuno para preguntar como iban los iniciados,  como si Eric no estuviese al cargo. Eric se paso todo el rato en la mesa de al lado, mirando su magdalena integral con el ceño fruncido.

- Entonces volveran a luchar- sigue diciendo eric- hoy aprenderan a apuntar. Que todo el mundo elija tres cuchillos. Y presten atencion a la demostración que les hara Cuatro de la tecnica correcta para lanzarlos- En ese momento mira a algun punto al norte de mi persona, como si estuviera por encima de mi. Me enderezco. Odio que me trate como a su lacayo, como si no le hubiese partido un diente durante nuestra iniciacion- Ya!.

Salen corriendo a por los cuchillos como si fueran crios sin faccion que buscan un trozo de pan, desesperados. Todos salvo ella, con sus movimientos pausados, que mete la cabeza entre los hombros de los iniciados mas altos. No intenta parecer comoda con los cuchillos entre las manos, y eso es lo que me gusta de ella, que, aun sabiendo que estas armas son antinaturales, encuentra la manera de empuñarlas.

Eric se acerca a mi, y yo retrocedo por instinto. Intento que no me asuste, pero soy consciente de lo listo que es y de que, si me descuido, se dara cuenta de que he estado mirandola, y eso supondria mi fin. Me vuelvo hacia la diana con un cuchillo en la mano derecha.

Solicite que este año eliminaran el lanzamiento se cuchillos del programa de formacion, ya que no tiene mas objeto que fomentar las bravuconadas de los osados. Aqui nadie los usara salvo para impresionar  a otra persona, igual que yo los impresionare ahora. Eric diria que deslumbrar a los demas puede resultar util, que es por lo que rechazo mi propuesta, pero eso es justo lo que odio de Osadia.

Sostengo el cuchillo por la hoja para equilibrarlo bien.Mi instructor durante la iniciacion, Amar, se dio cuenta de que yo tenia una mente muy activa,  asi que me enseño a acompasar mis movimientos con la respiración.  Inspiro y me fijo en el centro de la diana. Espiro y lanzo. El cuchillo da en el blanco.  Oigo a algunos iniciados contener el aliento, todos a la vez.

Encuentro el ritmo: inspiro y me paso el cuchillo a la mano derecha; espiro y le doy la vuelta con las puntas de los dedos; inspiro y me fijo el blanco; espiro y lanzo. Todo se oscureze a mi alrededor del centro de esa tabla. Las otras facciones nos llaman brutos, como si no usaramos nuestras mentes, pero en eso consiste precisamente lo que hago aqui.

- En fila!- grita eric, sacandome de mi ensimismamiento.

Dejo los cuchillos en la tabla, para recordar a los iniciados que es posible, y me apoyo en la pared de un lado. Amar tambien fue el que me dio mi nombre. Era la clase de persona que consigue que un apodo se use, una persona tan agradable que todos lo imitaban.

Ahora esta myerto, pero, a veces, en este cuarto, todavia lo oigo regañandome por contener el aliento.

Ella no lo contiene. Eso es bueno..., un mal habito menos que superar. Sin embargo, tiene un brazo torpe, mas nulo que un muslo de pollo.

Divergente: Version de CuatroDonde viven las historias. Descúbrelo ahora