Canción 19

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Summer loving, had me a blast

Summer loving, happened so fast


—¡Buenas noches, mis amores! ¿Me extrañaron? —dije con entusiasmo al micrófono.

Mis vacaciones habían terminado y era hora de volver al trabajo. Era bonito volver a la rutina, al olor a sahumerio de la radio y el ronroneo del viejo aire acondicionado que nos salvaba de los casi cuarenta grados que hacía afuera. Extrañaba hablar con mis oyentes e interactuar con ellos a través del teléfono. Había extrañado también a mis amigos y compañeros. Incluso se podría que había extrañado discutir con Casiano, quien pareció sorprenderse mucho al verme usar el collar que me había regalado.

—¿En serio lo vas a usar? —preguntó sorprendido al verlo entre mis clavículas.

—¿Qué tiene? Es lindo —respondí confundida, tomándolo con mi mano en donde también estaba el anillo que me había dado Jesse. ¿Acaso Casiano se estaba burlando de mí?

Así que simplemente decidí ignorarlo como siempre y seguir con el programa. Esa noche recibí muchos saludos de bienvenida y la selección de música tropical y latina ayudó a mantener el ánimo arriba, a costa de una tortura auditiva para Casiano.

Realmente era bonito volver a la rutina, aunque extrañaría un poco esos días en familia.

♥ ♥ ♥

Unas vacaciones con los Rossi podían ser de todo menos relajantes.

En la noche de Año Nuevo, luego de la cena familiar, los mayores salimos a las fiestas que se celebraban en los bares y calles del centro de la ciudad mientras los dos pequeños se reunieron con sus amigos en el hotel, custodiados por nuestros padres, quienes también cuidarían a la pequeña Olivia. Uno podría pensar que salir con sus hermanos mayores podría ser molesto, y así lo creí por mucho tiempo. Pero una vez que América dejó de comportarse de manera sobreprotectora y que Manu desistió de sus usuales conquistas, los siete -incluyendo a Rina y Jesse- la pasamos genial, recorriendo las calles llenas de turistas, bebiendo Fernet y cerveza alemana, con el tradicional cuarteto sonando en los altoparlantes de los bares que te invitaban a mover el esqueleto.

A la mañana siguiente volvimos tan cansados y ebrios que ni siquiera me molesté en disimular decencia y fui a dormir con Jesse a la cabaña-cuarto que le habían dado mis padres. Aunque ni bien nuestros cuerpos tocaron las sábanas caímos dormidos.

Pero la siguiente semana no fue tan tranquila como las primeras. Enero comenzó para mí como un tornado de actividades: días de playa en los arroyos en familia, partidos de futbol cinco con mis hermanos, caminatas en las sierras con Jesse, salidas de compras con Blanca y Susy.

Pero lo peor fueron todos los preparativos de la boda. A tan sólo un mes de la fiesta, la agenda de mi familia estaba abarrotada de actividades de último momento. Días enteros de compras, largos viajes repartiendo las invitaciones que faltaban, eternas pruebas de peinado y maquillaje y noche desveladas haciendo centro de mesas y detalles que adornarían el hotel el día de la celebración. Podía jurar que tenía florecitas y cintas hasta en el...

En mis vacaciones también tuve el placer de ser la primera en conocer a la misteriosa novia de mi hermanito.

Una tarde, Federico nos llevó a Jesse y a mí a una cita doble a una pequeña cafetería que pertenecía a la familia de su novia y donde nos encontraríamos con ella.

—Yo también debería tener una charla con tu novio —me había dicho intentando sonar amenazador.

Y efectivamente ellos tuvieron una larga charla... sobre libros y arte. Fede era el primero en llevarse tan bien con Jesse y eso era un verdadero alivio. Ambos tenían gustos en común y Fede se sentía alagado por las críticas de Jesse hacia los edificios en sus dibujos. Por otro lado, Camila, la novia de mi hermanito era una preciosidad de niña. Era a penas más alta que Fede y tenía la piel cobriza y el cabello largo y negro atado que resaltaba sus pronunciados pómulos. Pero la sorpresa vino cuando ella nos saludó en lenguas de señas.

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