Nunca supimos que hacer con los quehaceres. Ahora solo somos como plantas que brotan en sentido contrario al sol. Renunciábamos porque el decir sí a lo que nos hace daño nos mostraba vulnerables. Siempre fuimos más de dar miedo. Hay personas que juegan con la consciencia inocente de que, el dolor, es el fruto que te hace fuerte por dentro mientras estás hecho mierda por fuera. Y así no hay quien sobreviva. Rompimos el puzzle porque llevábamos a rajatabla la vulnerable idea de que lo que está completo no se adorna por si se estropea. Y ahora que estamos tristes tenemos muchísimas más posibilidades de que nos hagan felices. El trato era ese, devastador e ingenuo, como una manada de lobos que se disuelve para abarcar más terreno y así dar caza a la presa. Nos invadió la incertidumbre de poseer menos de lo que quisimos tener por si venía algún loco de remate a hacer trizas nuestros pensamientos. Ya sabéis, por eso de que si lo ordena otro luego no lo encuentras. Imaginaros que pasa lo mismo con el corazón. Estaba en cualquier parte, latiendo, y yo echándolo de menos.
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Yo, ya lo sabía.
PoesíaYo todo esto ya me lo imaginé algún día. Las charlas de que esto se va al garete, que no hacemos nada para que las tuberías del baño no dejen de darnos por saco. No había dudas, solo la intranquilidad quizás de que todo saliese como queríamos por un...
