Subo al auto que papá rentó con la señorita Celina para el día de hoy. Normalmente iría en la moto o en la bici, pero para no llamar la atención, tengo que dejar que él me lleve por hoy.
El nudo que habita en mi estomago se hace cada vez más presente, y hago un gran esfuerzo en todo el trayecto para no abrir la puerta para vomitar; si lo hago papá me llevará de regreso a la casa y mis esperanzas se habrán ido.
Mi esfuerzo dura hasta dos cuadras antes de la escuela. En el semáforo abro la puerta y me bajo corriendo hasta un bote de basura cercano.
El hedor de la basura acumulada me hace más fácil la tarea. Siento como mi garganta se quema con cada arcada, mientras mi estómago se vacía.
Cuando termino siento el sabor metálico en mi boca, no me quiero imaginar el olor, gracias a Dios traje un cepillo y pasta para los dientes en mi mochila.
Regreso al auto y me siento en la parte de atrás, donde estaba.
- Al, ¿estás bien? - pregunta enseguida preocupado -. Te llevaré a casa.
- No, no no. Estoy bien, no te preocupes. - me apresuro a decir.
Papá me mira desconfiado pero igualmente me lleva. Espero que ninguno de los carros que me vieron vomitar sean de la escuela.
Antes de entrar al estacionamiento puedo ver una multitud de chicos de mi edad, tal vez uno o dos años mayores que yo, pero que importa.
Papá baja la ventanilla de su asiento.
- Que tengas un lindo día, cualquier cosas me llamas, princesa. - se despide con una sonrisa.
- ¡Papá! No hables así. - le corregí avergonzada. Sin embargo papá se limitó a soltar una carcajada ronca.
- Quieras o no, te voy a seguir llamando princesa, no me importa con quien estés, así sea el presidente.
Sonrío tímida, me agrada que papá sea así, ya que no siempre pasa.
- Ya ves y entra, se te va a hacer tarde. - me apresura.
Me despido con la mano y me encamino a la multitud de personas que cubren la entrada. Pregunto por el baño para lavarme los dientes antes de ir por mis horarios, trato de abrir la boca lo menos posible.
Llego y me apresuro en sacar todo y lavarme los dientes. Me como una menta para reforzar el buen aroma y me acomodo un poco el cabello; después de la vomitada quedó algo suelto.
Nadie me mira mientras camino por los pasillos a la dirección, todos me ignoran o simplemente ni se dan cuenta de mi.
Toco la pequeña puerta de madera de la oficina de la directora. Espero unos segundos hasta escuchar un autoritario "pase".
Abro con mucho cuidado la puerta que parece que en cualquier segundo se desplomará.
- ¿Tu eres Alahya Christen? - pregunta una viejilla en cuanto entro.
No parece tener más de cincuenta, aunque su cabello ya está salpicado de varias manchas blancas y grisáceas. De su cuello cuelga una cadena de cuencas pálidas que sujetan sus pequeños lentes. Me recuerda a Celina.
- Si, soy yo.
- Excelente. Soy la directora Ariadna. - saca unos papeles de su cajón en el escritorio y me los entrega, no dudo en tomarlos -. Le entrego sus horarios, un mapa de las instalaciones y su reglamento.
- Muchas gracias.
Me dirijo a la puerta y la abro para salir.
- Bienvenida a la escuela Hissen, y espero que sea una grata impresión. Cuento con usted para mejorar esta escuela.
- Por su puesto.
Salgo de allí apresuradamente y reviso mi horario. Arte. Reviso el mapa y me dirijo a mi salón. Los pasillos están vacios, supongo que ya todos estarán en clases. Mientras camino empiezo tararear la canción de Dora.
- "Soy el mapa, soy el mapa, soy el mapa, soy el mapa. ¡Soy el mapa!"
¿Qué? A eso me recuerda mientras veo a donde ir. Diganme que nunca se han acordado de ese tipo de canciones.
- ¿Qué haces afuera? -. Me volteo a ver quien me habla, se supone que todos están en clases -. Y cantando la canción de Dora.
Me quedo muda. No pensé que nadie se daría cuenta, la canté muy bajito. El calor sube a mi cara pero no lo dejó notar.
- ¿Quién eres, y qué haces afuera? ¿No deberías estar dentro de alguna clase?
Esta apoyado en un casillero, supongo que el suyo, con las manos en los bolsillos de su pantalón negro. Lleva una camiseta negra y una cadena decora sus pantalones. Cabello negro, ojos cafés, piel algo morena.
- No te importa. - me responde sin importancia impresa en su voz.
- Entonces a ti tampoco te importa.
- Nunca dije que me importara, ¿o si?
Sus respuestas me enfurecen, pero me contengo, no le daré la satisfacción de enojarme.
Lo ignoro y camino de largo hasta mi salón.
Toco la puerta con los nudillos. Me sudan las manos y estoy tan nerviosa que siento que me voy a desmayar.
Me abre la puerta una maestra de treinta con una falda negra entubada, blusa verde menta y botas negras de tacón.
Todos voltean a mi dirección y eso hace que me enervie más.
- ¿Se te ofrece algo, pequeña? - Parece una mujer muy agradable y amable.
- Si. - Los nervios no me abandonan para nada -. Soy Alahya, la nueva alumna.
- Oh, si, claro. Adelante.
Se hace a un lado, dejándome pasar y mostrándome mi pupitre que consiste en una mesa de madera blanca para tres personas y sillas altas.
La silla a mi derecha está vacía, pero en la izquierda está un chico de gafas marrones y un gorro a tono sobre su cabello gris, que hace juego con sus ojos grises.
- Hola. - me saluda -. Soy Dylan; como Dylan O'brien.
Me tiende la mano y la estrecho, muy educadamente.
- Soy Alahya; como Alahya Moulden.
Ríe en un susurro, y solo le brindo una sonrisa. Cada quien atiende sus cosas.
Me concentro en la clase.
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la capitán
Teen FictionAhlaya es una chica que proviene de una familia, secretamente, pirata de gran estima. Su futuro como hija única es liderar a todos los hombres de su padre en cuanto cumpla dieciséis. Su gran carácter la identifica a cualquier lugar que vaya: es test...
