(El destino es impredecible)

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Era mi primer día oficialmente como agente en entrenamiento, me bañe rápidamente y me tome un café, antes de dirigirme con mis compañeros al área de sede asignada. A pesar de que solo llevaba poco tiempo, puedo decir que al menos ya había dejado impresionado a varios de mis mayores. -Entonces... ¿Me dirás tu verdadero nombre? ¿O tu número de teléfono? -me pregunto Ryan, mi nuevo compañero de clase. Lo volteo a ver y sonrió.

-No eres mi tipo,... y tengo novia. -le aseguro tranquilamente mientras acomodo los expedientes que nos acaban de entregar, en mi mochila. Ambos caminábamos al salón de clases. -Y no lo digo porque seas hombre, en ese sentido no tengo ningún problema. Quiero decir que nunca he estado con un hombre, pero no tendría ningún problema. -digo antes de darme cuenta que de nuevo había dejado el filtro cerebro boca dentro de la habitación. Nos miramos sonriendo vergonzosamente.

-Tampoco lo digo porque seas una criatura sobrenatural, o un hombre lobo para ser más específico. -digo rápidamente mirando mis manos, tratando de evitar la incomodidad. En cuanto levanto la vista de mis dedos sé que la he regado nuevamente, él me mira asustado. -¿De dónde sacas estás tonterías? ¿Dime tú qué sabes? -me gruñe Ryan estampándome contra la pared del pasillo, parecía muy nervioso. Me quejo porque me lastimo un poco la espalda.

-Ok -digo sonriendo sarcásticamente, recordando que Ryan no es el primer hombre lobo en empotrarme. -qué tal si te digo cinco cosas sobre ti... y si digo la verdad, lo dejaremos ahí. -le propongo tranquilamente, mirándolo a los ojos. -Ok -dice sonriéndome, seguro de que fallare. -Uno: eres amable. -digo sinceramente, él rueda los ojos y gira la cabeza un poco molesto por lo que termino de explicar.

-¡No!!! Lo digo en serio -le aseguro sonriéndole mientras me suelta lentamente -Tus buenos modales provienen de haberte criado en una casa llena de mujeres. Ningún hombre te enseño a afeitarte -continuo y lo tomo de la mandíbula -tienes la barba en diferentes direcciones. Dos: eres mercancía dañada, tienes estás bolsas negras llamadas ojeras y el callo de ese dedo es pequeño -le señalo indicando su dedo anular, haciendo una mueca. -pero no es suave, lo que indica que te separaste de tu pareja recientemente.

-Tres: eres mentiroso por que no te acercaste a mí por socializar, sino porque debes haber olido restos de mi manada en mí. -le señalo acusatoriamente, entre cerrando los ojos -Cuatro: sé que eres un hombre lobo por como reaccionaste ayer cuando pasaste delante de mi puerta. Estornudaste, y lo hiciste porque todos ustedes son susceptibles al Acónito. -le digo sonriendo cruzándome de brazos, anotándome una victoria. -Cinco: Lo que hace que seas muy poco fiable y aunque eso parece excitante. La verdad definitivamente no eres mi tipo. -termino sabiéndome superior.

-¿Quién eres? -me pregunta totalmente confundido, me rio y no le queda más que reírse conmigo. Continuamos nuestro camino pero me adelanto porque Ryan tiene que ir baño. Respiro hondo y comienzo a subir las escaleras que me llevaran a mi primera asignatura, que me llevaran a mi primer paso, el que me conducirá hacia mí destino...

El uniforme me es un poco incómodo, pantalón negro y camisa blanca con corbata negra, ya estoy portando mi credencial oficial y estoy listo. Me detengo un momento saboreando el momento y reajusto mi corbata, entro sonriendo en mi primera clase. El mayor ya está dando su conferencia; por lo que me apresuro por el pasillo.

-Encontraréis tres palabras en el sello del FBI, "Lealtad, Valentía, Integridad" -dice dirigiéndose a todo el grupo. -Esas son las cualidades que esperamos de todos nuestros internos, las cualidades que les exigimos durante los seis meses con nosotros. -finaliza seriamente.

-"Lealtad, Valentía, Integridad" -continua mientras me siento rápidamente en mi lugar, voy sacando mis cosas de mi mochila y acomodo mis cosas en mi mesa de trabajo. -Se unirán a verdaderos agentes federales mientras investigamos todo tipo de delitos: desde delitos de guante blanco, hasta terrorismo. -instruye el mayor, volteándose de lado y señalando a la pantalla que hay a sus espaldas.

Al final del caminoHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora