Sus modelos eran perfectos, no le daban problemas. Ansioso por hacer las fotos.
Tomó su cámara, encuadró, y disparó.
La fotografía había quedado perfecta. Pero necesitaba hacer más fotos, la escena era increíblemente hermosa ante sus ojos.
El espectáculo de viceras, órganos y sangre, que estaba frente a él, hacía que los ojos le brillaran. Le iluminaba el rostro. Le provocaba felicidad. Sonreíase viéndolo.
Como todo artista, debe firmar su obra. Estiró su mano, y tomó un dedo ensangrentado, y como si fuese un crayón, escribió su hermosa y elegante firma, finalizando su obra, y retirándose por fin para celebrarlo.
***
Éste relato no tiene imagen por el simple hecho de que no existe ningún fotógrafo que haga este tipo de fotos.
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Relatos extraños.
HorrorHistorias sacadas del rincón más oscuro de la imaginación. Creadas por una mente enfermiza y jodidamente extraña.
