Pero... la vida continuaba, aunque Cristina decidiera no vivirla. Se había recuperado –para su mala suerte–, y ya la habían dado de alta en el hospital.
El vacío la acompañaba adonde fuera, sola, herida, perdida.
Ahogaba sus penas en letras, y textos escritos por ella.
El suicidio no estaba en opciones, ella quería comenzar su carrera de escritora, lo que siempre le apasionó.
Y como dicen: el arte duele.
Sus textos; llenos de resentimiento a la vida, hicieron eco, alcanzó la fama y el éxito. Pero de nada le sirvieron, porque ya no disfrutaría la vida, aún se sentía vacía.
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Relatos extraños.
HorrorHistorias sacadas del rincón más oscuro de la imaginación. Creadas por una mente enfermiza y jodidamente extraña.
