Tercer mensaje

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«Buenos días, baby boy»

Rafa no quiso sonreír al leer el mensaje, incluso mordió su labio para evitar la tonta sonrisa que se le formaba cada que Valentino le decía aquel tonto apodo. Pero de todas formas lo hizo, y es que le gustaba que todas las mañanas desde que comenzaron su intercambio de mensajes el guitarrista le enviaba un mensaje para despertarlo. Irónicamente, no había asistido más al parque desde el día en que obtuvo su número. No por gusto, sino porque el entrenamiento con el equipo de fútbol lo agotaba en demasía. En las tardes se iba agotado a casa, realizaba su tarea, hablaba un rato con Valentino y eso era todo; caía como un saco poco después y sus músculos se resentían ante el pensamiento de una caminata por la mañana. Había logrado ser el portero titular, sí, pero ¿a qué costo?

Pasó una mano por su cabello y suspiró releyendo el mensaje.

—Ese chico te debe tener mal, Rafa.

Catorce apareció junto a él con una sonrisa en los labios. Él también logró entrar en el equipo, aunque por ser novato sus niveles no llegaban a ser tan altos como los del resto de los Halcones y probablemente pasaría tiempo en la banca antes de entrar en acción. Rafa esperaba que no fuera de esa forma, porque le veía la ilusión en los ojos a su amigo cada día cuando realizaba los ejercicios sin rechistar y el Director Técnico lo felicitaba. La cancha era su lugar y pelearía por él.

Aún recordaba con recelo cuando Catorce le confesó haber llegado al Hat Trick y al verlo acompañado prefirió no «hacer interferencia en las vibras amorosas que rodaban en el aire esa tarde».

—¿Es el chico de la otra vez? ¿Victor? —Catorce preguntó. Alzaba las cejas en gesto pícaro como si intercambiar mensajes fuera más sucio y sexual de lo que en realidad era— A ver qué habla mi querido amigo con su noviecito. —Le arrebató el teléfono de las manos y comenzó a leer los mensajes en voz alta— Uy, lo agendaste como Valentino T., matas el romance.

Rafa intentó arrebatarle el móvil pero el suplente fue más veloz y rodeó la mesa que los separaba, dejándola en medio de ellos dos.

—Se llama Valentino Toledo ¿qué se supone que le debía poner? —Rodó los ojos.

Valen bebé, Tino bebu, o mejor bebé. No algo tan seco como eso, Rafita. Por eso no tenés novio. —Catorce rió y los dos bajaron la vista al teléfono que acaba de sonar, alertando un mensaje— Es de Valentino, uy. Seguro te pide un besito, o que le dediques un gol.

—Soy el arquero, Catorce. Yo evito los goles.

—Pero no podrás esquivar la fiesta de goles que habrá en tu arco cuando este chico te pille.

—¡Catorce!

—Bueno che, calma un poco. El romance aún se puede salvar y acá tenés a tu tutor Nikotatópulos a la orden. —El chico hizo una reverencia y procedió a leer el mensaje entrante— ¿Cuándo nos podemos ver, bombón? Invito el chocolate caliente.

—Soltá eso, chusma.

Catorce soltó una carcajada al ver las mejillas sonrojadas de Rafa.

—Hoy a las cuatro en el Hat Trick si querés, ojitos. —Frunció el ceño por el apodo que acababa de idear. No convencido, borró lo que acababa de escribir y tecleó otra cosa. Tras enviarlo devolvió el celular a Rafa y se cruzó de brazos, con el pecho alzado e inflado de orgullo.

Cuando Rafa leyó el mensaje, quiso pegarse un tiro.

«¿Por qué no pasás por mi colegio? Estoy libre a las cuatro»

Se giró con el propósito de ahorcarlo pero Catorce ya había salido corriendo de ahí entre risas.


Monedas en el bolsilloDonde viven las historias. Descúbrelo ahora