Cincuenta pesos

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Rafa se preguntó qué sería la sorpresa. ¿Una figura de chocolate con dos metros de altura? ¿Un gatito? No estaba seguro de qué era capaz Valentino, pero intentó relajarse y confiar en el chico. Si quisiera molestarlo ya lo habría hecho antes en las veces que se vieron, ¿cierto? Un mes hablando era como un año para los chicos. Seguro le invitaba a jugar fútbol con sus amigos. O lo llevaba a su casa, cosa que confundía a Rafa porque aún no hallaba explicación a por qué Valentino tocaba en la plaza por dinero si le había confesado que no era pobre ni nada por el estilo. Pensó que quizá quiere triunfar en la música y ser un artista callejero era el inicio, pero Valentino no parecía ser ese tipo de chico. Le costaba ir y preguntarle porque no quería parecer un metiche.

Soltó un suspiro.

Valentino se veía muy relajado y tranquilo, siempre bromeando y siendo coqueto con él. Entonces ¿por qué Rafa no podía dejarse llevar?

Un carraspeo a su espalda lo hizo girarse.

—Eh, bombón. ¿Y Doce?

—Catorce —lo corrigió inmediatamente. Se dio una bofetada mental por haber sonado tan apresurado—. Hola.

Valentino sonrió. Y Rafa pudo sentirse morir ahí mismo, porque la sonrisa de Valentino era tan sincera y linda que, además de recordarle a una propaganda de Colgate, causaba en él algo que no quería pensar en profundidad. Mejor perderse en el orbe aguamarina de sus ojos que en el enredo de sus propios pensamientos.

—¿Listo?

—¿Para qué o qué?

—Ven conmigo. —El chico extendió su mano. Rafa dudó, pero dio la suya a Valentino y salieron juntos del Hat Trick con las manos entrelazadas. En serio trató de no pensar en sus dedos tocándose, lo suave de estos o si su aliento olía a chorizo por el choripan que había comido minutos antes mientras esperaba a que llegara.

•••

Rafa no esperaba terminar en la plaza. Quizá buscarían su guitarra o fingirían tener algo letal por dinero, sea lo que sea él no sabía nada y por la sonrisa en el rostro de Valentino ya no sabía qué esperar.

—¿Vinimos a alimentar a las aves? —Preguntó curioso. La risa de Valentino le causó una sensación agradable que recorrió su cuerpo entero.

Valentino llevó una mano a su oreja y parecía rascarse o algo, pero Rafa apenas le prestó atención. Estaba concentrado en la pulsera rosada alrededor de su muñeca. Pensó que el rosado había quedado en el pasado pero quizá era una casualidad y él buscaba cinco patas al gato. O tal vez Valentino aún mantenía su pensamiento de vestir algo rosa cada que se vieran.

El chico negó con la cabeza. Reacomodó su cabello y a Rafa le pareció curioso que buscara cubrir sus orejas. No eran de duende, pero desde que lo conoció siempre llevaba ese peinado así que no le dio muchas vueltas. Cómo lucía tan bien todo el tiempo, ese era el verdadero misterio.

—¿Te gusta Reik?

—¿Qué?

—Olvida. Sentate ahí —empujó a Rafa hacia una banca. Buscó entre los bolsillos de su pantalón hasta dar con el teléfono. Sus manos parecían temblar y casi se le resbalaba el móvil un par de veces. Cuando encontró lo que quería, lo dejó en la banca junto a Rafa y aclaró su garganta— Me dejás hasta el final ¿estamos?

Rafa asintió confundido.

Escuchó sorprendido cuando una melodía salió del parlante del teléfono y Valentino comenzó a cantar.

Monedas en el bolsilloDonde viven las historias. Descúbrelo ahora