Luna sangrienta.

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Parada en la ventana, con sus ojos empapados de lluvia salina que se desploman por su rostro. Ve llegar a su amado, vestidos de negro con una chaqueta de cuero. Y dibuja una sonrisa pobre en sus labios, que se borra en el ahogo de su llanto.

Entra, se postra recostado de la pared que sostiene la ventana frente a su ama. Besa la boca escarlata y salubre. Le susurra unas palabras eufóricas y sin él terminar, ella se voltea y se aleja.

-Amo tú intensidad y deseo- dice mientras camina. -pero, hoy no puedo y eso rompe mi alma, por ti y por mi.

Él, mira hacia arriba y piensa. Sin demorar le responde.

-Hay Luna ensangrentada en tu cielo. Pero, no es resistencia.

Ella, se volvió hacia él al esculcarle. Sin pensar y con voz decidida dijo:

-¡Vete, Kaleb! !Vete!

Y con despecho continuó:

-Búscate a alguien y complácela como a mi.

Kaleb, decide caminar hacia sus brazos. Y cuando dispone a moverse, escucha una voz con enojo diciendo:

-!No te vayas!-

Respira hondo, suspira y continúa.

-¡Quédate conmigo!

Luego de unos momentos de incertidumbres.

Él, la postra en la cama de rodilla como si fuese un cabello que ensilla con sus brazos entrelazados y se recuesta sobre su espalda desnuda, al igual que su jinete. Le recorre el cuerpo con caricias cortas y seductoras se inclina más junto a ella y a la altura de sus oídos le dice en voz casi callada:

-No deseo a nadie más. No existe mujer que libere la bestia sexual que duerme en mi, como tú.

Ella sonrió a la ves que más se excitó.
Las piernas le temblaban al sentir los masajes eroticos que su Kaleb le daba, a lo largo de cada centímetro de su cuerpo.

Su piel pálida y estriada en respuesta a los toques casi mágicos, de quien fuera su jinete. Sus pujos sordos tras el azote en sus muslos de una fusta de piel y carne. Las campanas del reloj resuenan en la sala, doce veces. La chica con mediana voz sin poder controlar sus emociones, pide receso. Su cuerpo no soporta más caricias electrizantes, de las manos lubricadas y azotes de su Kaleb.

Obediente perrito, se aleja del cuerpo vibrante de su ama. Se alejó para acomodarla. La sostuvo, cargó y posicionó en la meseta de la cocina. Boca arriba con los brazos extendidos y piernas entre abiertas.

Una rosa ya despeinada descansaba entre los dedos del caballero que la acompaña. Los pétalos rojos como la luna de aquella noche, se abren camino por sus talones y pone dirección hacia el norte. Van escalando sus pulidos pies pasando por las alomadas rodillas y sumergiéndose en la textura de los muslos. Llegando al fin a las puertas del infinito. Donde con movimientos suaves y de poco rose, sobrevuelan cada unos hasta sentir el rocío tibio, que nutre sus vidas.

La fusta, vestida de crema es paseada por los labios de quien yace semi crucificada en un pedazo de granito pulido que sirve de rígida cama, en la cocina. Los labios húmedos y lengua inquieta desnudaban la fusta con sus movimientos lentos y apasionados.

Con el pétalo de su boca, lame las cavidades de su cuerpo que yace de lado sobre la pulida roca. Con abundante líquido para regar las
plantas de los orificios, recorre por los huecos semi descampados, sintiendo el rico placer de navegar otras aguas ya turbulentas por la sensación y temblor de su lecho.

Truena en el cielo de aquellos mares, se avecina la tormenta esperada que moje sus encantos, afrodisíacos de las nubes que no sostienen más aquella lluvia larga e intensa.

Con más furor rema el moreno, con su pala en las olas de que chocan entre sí y en las paredes de la abertura en forma de manzana partida a la mitad. 

Si más retardo se deja sentir el elixir de vida que buscaba el alquimista del desierto de los placeres de Marly.
Un orgasmo prolongado puso fin a la noche apagada y Luna triste que a la chica ya le acompañaba.

El sismo de su placer fue tan intenso que le dejó sin fuerzas y durmió sin saber dónde estaba. Horas más tardes despierta cubierta con una manta hasta el cuello, que contrarrestaba el frío del amanecer. A su lado descansaba una carta, escrita tinta de su color de preferencia.

Kaleb se despedía, hasta la siguiente noche e instruía a detalle el siguiente juego:

...

Sie7e NochesHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora