Alexander se empezaba a sentir mareado y el pecho le dolía.
Era un dolor profundo que se mezclaba con una sensación incómoda en su estómago.
Sabía que podía describir la molestia porque ya la había experimentado antes.
Era su corazón roto, era como si nunca se fuese a curar. Estaba enfermo de amor, y su única medicina se llamaba Vienna y estaba tan lejos de su alcance.
Seguía recorriendo las calles de Sheffield, tratando de concentrarse en pisar los adoquines y no las grietas, como jugaba cuando era niño. Al menos eso lo distraía un poco.
Pensaba que nunca iba a lograr olvidarla, nunca podría estar con una chica que no fuera ella.
Era contradictorio, por un lado quería borrarla de su memoria para así comenzar otra historia, una página en blanco, con otra chica que también lo amara, pero por otra parte no quería hacerlo.
Sentía que cada vez la imagen de Vienna se iba borrando más y más.
¿Dónde estaba? ¿En qué parte se encontrará? ¿Aún lo seguía amando?
Alexander se sentía completo si podía recordar su rostro y visualizarlo en algún charco de agua, mantenerla fresca en su mente era esencial.
Era difícil olvidarse de una chica como Vienna, quién había dejado tantas marcas en su vida, algunas imborrables. Pero el paso del tiempo era inevitable, y cada estación que pasaba se llevaba consigo un pedazo de lo que fueron días gloriosos. Cada hoja seca que caía del árbol y luego volvía a nacer, significaba una parte más de ella que se perdía en la memoria de Alexander y temía que si no la encontraba otra vez, se borraría por completo.
Esos buenos momentos, sus recuerdos con ella, era a lo que él se aferraba ante la inevitable perdida de Vienna.
Cómo desearía volver el tiempo atrás y cuidarla tanto, demostrarle su amor, y de alguna forma evitar que lo dejara.
Pero la línea temporal corre en una sola dirección y no hay forma de cumplir aquella fantasía que alguna vez todos deseamos, volver atrás y reparar errores.
Alexander se sentó en el costado de la vereda en un lugar poco transitado.
Palpó el bolsillo interno de su chaqueta hasta dar con el objeto que estaba buscando. Una agenda algo arruinada que había visto mejores días, pero para él se trataba de algo muy valioso.
Era pequeña, con tapa de cuero marrón oscuro, sus hojas algo amarillentas contenían garabatos y anotaciones tontas, además de dibujos y estampillas que coleccionaba.
No pudo evitarlo, acercó su nariz hasta éste y tomó aire profundamente, sintiendo aún ese leve perfume que ella siempre usaba.
A Vienna le encantaba ese viejo cuaderno, al abrirlo todavía seguían impregnadas en tinta roja algunas frases que a ella le gustaban.
Pasó su dedo por cada palabra suavemente, habían sido escritas por su puño y letra.
Las letras cursivas eran acariciadas por Alexander, quién no podía olvidar a su autora.
Casi sin querer, una lágrima solitaria rodó por la mejilla de él hasta parar, con un pequeño golpe, sobre las páginas en sus manos.
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El Centro de Sheffield ©
Povídky[Completa] Alexander es un chico casi común. Lo puedes ver caminar por la ciudad, lo puedes encontrar comiendo en una cafetería, tal vez lo encuentras en el parque. Pero lo que hace más común a Alexander es que tiene el corazón roto. Está en una bús...
