Capitulo #4

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Keith apretó fuerte mi mano y la mirada de Mario se fijó en ello. Se mostraba confuso y algo divertido pudiera decir. Esos profundos ojos oscuros ocultaban cosas muy dolorosas, lo sabía, mi madre siempre decía que el brillo de las emociones deja nuestra mirada cuando lo doloroso nos traspasa. La primera vez que lo vi lo supe.
Sin embargo ahora, en ellos, aparece una pequeña muestra de diversión, y no sé el motivo.

Nos quedamos en silencio por varios minutos y me sentí estúpida por no hablar desde el momento que el nombre de Keith salió de la boca de Nuestro vecino. Clara no aparecia por ningún lado para tratar de aliviar un poco el ambiente.

—¿Se conocen? —pregunto luego de otro rato de incomodidad en la sala.

Keith no me mira, su mirada esta fija en el chico frente a nosotros, y este por su parte dirige la mirada a los dos con paciencia, sin ningún interés de responder a mi pregunta.
Aprieto el brazo de Keith para que me observe y al hacerlo me regala una amplia sonrisa.

—Estudiamos juntos, ¿Cierto Mario? —el mencionado asiente en silencio y antes de decir mas, Clara entra en la sala con una bandeja llena de comida.

—Sé que solo era agua, pero quiero que prueben unas galletas deliciosas que prepare antes que llegaran. —nos volvimos a sentar, yo con un amargo que me propuse a ignorar y Keith pegándose más de lo común a mí.

Antes de sentarse con nosotros en la pequeña sala, me pareció ver como Clara lanzaba una mirada a su hijo, pero Keith llamó mi atención colocando en mi mano una de las galletas de vainilla de la vecina, que por cierto  estaban muy buenas.

Por suerte para todos Clara nos comenzó a contar siento de cosas para distraernos. Me entere de que era repostera, no por querer, mas bien porque le había tocado aprenderlo. Nos comentó que trabajó mucho tiempo en casa de una familia rica muy pretenciosa que la hacia repetir los platos nuevamente cuando no tenían el sabor justo.
Aunque no parece que ahora le importara, por el tono de su voz, sé que en su momento le fue complicado.
Keith al igual que Mario se pasaron la cena en silencio, y yo me veía en la obligación de apretar la pierna de mi chico por debajo de la mesa para que dijera algo o moviera su cabeza en señal de afirmación algunas veces.

La comida estuvo muy buena y me encargue se hacerlo saber cuando acabamos, luego de que le ayudamos a lavar los platos -que por supuesto había dicho que no teníamos por qué- nos retiramos después de invitarlos a cenar para otra ocasión.
Una vez de camino a nuestro piso, Keith soltó un suspiro contenido y volteé a mirarlo con el ceño fruncido.

—¿Por qué te comportarse de esa manera? —él toma mi mano y me obliga a seguir su ritmo mientras bajamos las escaleras vacías del edificio.

—Por nada en especial.

—Keith.

—No me llevaba bien con Mario en la preparatoria es todo. Era un poco extraño y... que sé yo, Margot. Además él y su madre se comportan de manera muy extraña ¿no viste?

Llegamos a la puerta y la abre con rapidez.
La verdad es que no lo noté, es decir, su hijo no dijo nada en todas la noche y Clara parecía contenta con que no lo hiciera, una que otra vez lo fulminó con la mirada cuando creía que hablaría y solo se acercaba a tomar cualquier cosa. Eso seria un poco extraño sinceramente.

Mi cerebro se desconecta cuando siento como soy levantada del suelo y los fuertes brazos de Keith me envuelven. Sonrío en su cuello y me pierdo en eso, en su aroma, su cariño y todo lo que siempre me hace sentir tan bien que solo él es capaz de darme.
Siento como hunde la nariz en mi cabello y aspira profundamente.

—Tú también eras muy extraño cuando te conocí. —suspiro al recordar ese tiempo que juraba que estaba delante de un millonario, en lugar de estar con un recién graduado de finanzas que gastaba todo su salario en ropa costosa.

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