—Eren.—Pronunciaba una voz dulce, tierna, suave, que se acercaba poco a poco.
—Eren, ayúdame. —Volvió a decir, ahora con mayor desesperación, ahogando llanto.
La silueta de aquella persona se comenzaba a ser visible en aquel fondo de nubes brillantes.
BELLA, HERMOSA, PERFECTA SILUETA.
Cabello corto del mismo color al oro cayendo delicadamente alrededor de su cráneo; ojos iguales al precioso cielo azul; aquella blanca piel brillaba como brillan los divinos diamantes; aquella silueta eras tú.
Mi amor.
—¿Armin?—Pregunté al vacío. No hubo respuesta, solamente el silencio ensordecedor. —Armin, ¿eres tú?—Repetí una vez mas.
—¡AH! ¡Eren!—Un grito inundó aquel lugar. Y repetidamente se hacía notar, era una especie de eco, y si, era la voz de mi amado Armin, intentando contener pánico, llanto, miedo.
—!Armin! ¿Dónde estas?—Apenas pude preguntar levantándome de aquel suelo frío, «¿Y el césped verde? ¿A dónde a ido?» me pregunté internamente.
Limpie mis ojos, en los que aun quedaban colgadas algunas amargas lagrimas.
Había cambiado aquel escenario, el campo verde se desvaneció dejando en su lugar un triste pasillo de instituto. A lo lejos de aquel largo pasillo, se podían ver a tres personas, una mas pequeña que las otras dos, con curiosidad y cuidado comencé ha acercarme para observar lo que ocurría.
Eran tres chicos. Uno de los de mayor estatura, tomó el cabello del mas pequeño para así poder alzarlo y gritarle, para después estrellar su cuerpo contra el suelo ocasionando un enorme grito de dolor en aquel pasillo.
Los mayores comenzaron a patear el cuerpo del menor que se encontraba en el suelo, llorando de dolor. Intentaba acercarme, pero al correr podía sentir como el pasillo se hacía mas largo sin dejarme acercar.
Los mayores huyeron dejando al pequeño inundado en un charco de sangre, podía escucharse sollozar al pequeño seguido de quejidos por el dolor de los golpes.
Poco a poco me acerqué a su cuerpo, para poder auxiliarlo.
«¿Qué? ¡No, no!» decía en mi mente.
—¿Eren? —Preguntó aquella herida, y dulce voz.
—¿Armin? —Cuestioné aun mas confundido que él.
Al voltear su rostro pude confirmarlo, era él.
Vomitaba grandes cantidades de sangre, mientras dejaba caer de su rostro un río de lagrimas.
—¡Amor! ¿Qué te han hecho? ¡Te dejaron muy mal!—Dije viendo su lindo rostro lastimado, su cuerpo lleno de moretones, la sangre salir de su delicada boca.
—¿Por qué?—Preguntó, con enorme tristeza, se le podía notar.—Eren...Me abandonaste.
—¡No! ¡No lo hice!—Interrumpí con lagrimas goteando de mis ojos, comenzando a llorar.
—Mírame, Eren mis ojos, siento que...—Ni siquiera terminó la oración, y los ojos de mi pequeño comenzaron a llorar sangre.
Un enorme miedo inundo mi cuerpo, mi novio, mi pequeño, lo mas importante en mi miserable vida, estaba desangrándose, se estaba muriendo en mis brazos. Y yo no podía reaccionar.
—¿Eren? ¿Por qué nos abandonaste a todos?—Preguntaba, mientras de su boca seguía derramando sangre.
—¡Yo, no...te abandoné! —Respondí entre llanto.—¡Jamas lo haría!
—¡Lo hiciste! Mírame, me estoy muriendo, ¡por tu culpa!—Expresó soltando mi mano
—¡No!—Repliqué con dolor, buscando aquella delicada piel suya, suave, perfecta.
—¡Tu madre!—Insistió.
—¡No!—Contesté.
—¡Tu padre!—Volvió a insistir.
—¡Basta!—Respondí sin aliento.
—¡Tu hermana!—Siguió insistiendo.
—¡No sigas!—Apenas podía seguir respirando.
—¡Yo! estamos muriendo, ¡por tu culpa!—Soltó aquella oración, y lo entendí, pude comprender que esto no era la realidad, era una basura de fantasía.
—¡Detente maldito demonio!—Interrumpí, enterrando en el corazón de aquel cuerpo mentiroso un cuchillo, su vista cambió, ya no eran aquellos tiernos ojos azules, se tornaron rojos, no como el de los atardeceres, era un rojo igual al del infierno, horrible.
Su cabello comenzó a perder color y de su espalda salieron dos alas negras, si, Baalberith.
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A pesar de todo. (Eremin/Cielois)
RomanceLos personajes pertenecen a Hajime Isayama, creador de Shingeki no Kyojin. Los personajes pertenecen a Yana Toboso, creador de Kuroshitsuji.
