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Ahí estaba yo, sentado al borde de la cama, veía mi reflejo en el espejo, y si, esa mañana me veía terrible, tenía las ojeras enormes, me notaba mas blanco de lo normal, mi cabello tapaba mayor parte de mi frente, mis labios los sentía agrietados, mi cuerpo lucía débil, apenas me podía mantener sentado, y en mi cabeza viajaban miles de problemas, inquietudes, preocupaciones.

Era el primer día de clases, estaba muy nervioso, también preocupado, pues es la tercera vez en el año que cambiaba de instituto, de ciudad, y de vida por así decirlo. Esa ocasión se debió una vez mas al trabajo de mi padre, siempre a sido un hombre de negocios, y casi nunca estaba en casa, mas bien solo venía de visita dos días cada mes.

Volviendo a mi, me llamo Eren, en ese entonces apenas había cumplido dieciséis años, tenía estatura promedio, mi cabello es castaño, mi piel clara, y acerca de mi personalidad, bueno, se podría decir que siempre he sido tímido, pero confío muy rápido en las personas que me tratan bien, supongo que es por la falta de compañía que había tenido en los últimos meses, siempre he sido muy sensible, y a la vez duro de sentimientos, algo así como suprimir emociones con las personas, pero a solas llego a sufrir demasiado. No era sencillo ser un chico que no tenía muchos amigos, además que sus padres pasaban mayor parte del tiempo en su trabajo, y casi no se preocupan de la vida de su hijo.

Era el primer día de clases, me llegaba la fresca brisa que entraba por la ventana, las avecillas entonaban dulces melodías, realmente era un día agradable.

Era hora de alistarme para el instituto.
El suelo de madera de mi habitación se encontraba frío, decidí atravesar el suelo helado con mis pies descalzos, hasta llegar a un pequeño armario que tengo a un lado de mi ventana, abrí las puertecillas de madera y de ahí agarré un par de calzoncillos, pantalones y una camisa. Después de una ducha, me vestí, me acerqué al espejo y empecé a peinarme.
Al terminar, desde las escaleras veía a mi madre en la cocina, terminando de preparar el desayuno.

-Hijo apúrate se te hará tarde y no debes comenzar con fallas. Siéntate, come rápido para irnos y no se haga mas tarde.-Dijo mi madre mientras servía el desayuno.
-Si mamá, no te preocupes. -Interrumpí dando un gran mordisco al trozo de pan, y después un gran trago a la taza de chocolate.
-Espero y puedas adaptarte rápido en la escuela, se que han sido duros estos meses para ti, pero prometo que a partir de ahora todo será mejor, ¿Si? -Comentó mi madre preocupada, acariciando mi cabello con mucha ternura.
-Lo sé mamá, y también espero encajar aquí. -Respondí con una pequeña sonrisa.

Al terminar el desayuno, cepillé mis dientes y bajé rápido para partir al colegio.

En todo el camino no paraba de mirar las calles amplias con faroles en cada esquina, pequeños parques y sus casas con colores cálidos; todo tenía un toque antiguo que hacía a esa ciudad tan hermosa.

-Bien, llegamos. -Dijo mi madre, volteó a verme, su rostro reflejaba tristeza, y lastima, besó mi frente con mucha ternura. -Eren, realmente siento mucho todo esto, mientras este en casa lo compensaré ¿ok? suerte, te amo.
-Gracias mamá, no te preocupes por esto me irá bien, te veo en la casa-Contesté apenas con una voz quebrada y un poco avergonzado por el beso.

La entrada del colegio era larga, debes atravesar todo un campo para llegar a la puerta, mientras camino, solo siento que las miradas se concentraban en mi persona. «Vamos Eren tu puedes. No debes verte débil», me alentaba para mantener mi confianza.

Atravesé lentamente los largos pasillos de casilleros con miles de chicos y chicas viéndome hasta llegar al salón de clases. La escuela era linda, ordenada y limpia, a pesar del temor que llevaba logré darme cuenta de eso.
Decido tocar la puerta y un chico, un poco mas pequeño que yo se aparece al abrir la puerta.
-Maestra, chico nuevo, supongo-Dijo mientras me quedaba viendo de pies a cabeza.
-Oh, si si, tu debes ser Eren, ¿Cierto?-Comentó la profesora mientras dirigía su mirada a mi, era delgada, peliroja y tez blanca, tenía un aspecto muy diferente al de otras maestras, usaba botas y una chaqueta, y llevaba puestos unos lentes.
Yo solo asentí ante la pregunta con una mueca. -Pasa pasa, te presentaré con el grupo. -Entré al cuarto lleno de adolescentes de todos los tipos; nerds, rudos, deportistas, altos, populares.
Todas las mirada se concentraron en mi. -Chicos el es Eren Jaeger, su nuevo compañero, espero lo traten muy bien y lo ayuden a adaptarse. - Comentó la profesora -Yo soy la señorita Hange Zoë, estoy para apoyarte en lo que necesites, pero bueno, cuéntanos algo de ti. -Dijo la profesora entusiasmada con una gran sonrisa acercándose a mi.
-Hola. -Expresé con voz temblorosa. -Bueno me llamo Eren, amm tengo dieciséis años, y es claro que no soy de aquí, soy de Köln , y bueno, me gustaría llegar a convivir con ustedes y llevarnos muy bien. -Terminé la oración con una mueca de simpatía.
-Muy bien Eren, Köln es una ciudad hermosa. -Comentó la profesora, mientras acomodaba sus lentes.
- Si, bueno, de pequeño me mudé a Berlín, y desde entonces me he mudado a muchas ciudades del país -Respondí.
-Oh muy bien Eren, entonces espero te agrade Munich, ahora toma asiento, puedes sentarte a un lado de Armin, es en la primera fila, el penúltimo asiento. -Dijo la maestra señalando el asiento vacío. -Por cierto, tendrás que emparejar lo que vimos la semana pasada, para que en los exámenes no salgas perjudicado, ¿Vale?

A pesar de todo. (Eremin/Cielois)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora