Capítulo 10

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Geno aquel día quedó totalmente solo en su casa y las voces en su cabeza lo empezaron a atacar.

La ansiedad se lo empezó a comer por dentro y empezó a gritar, gritar de miedo, gritar deteniendo sus voces, intentando callarlas.

Intentando pararlas.

Hazlo.

Empezó a registrar cada habitación en busca de cosas, pero en cada lugar había algo con filo, había agujas, navajas y cuchillos. Había pastillas, jeringas y cortaplumas.

Se estaba poniendo nervioso.

Tomó con desesperación su celular marcando un número, pero este no contestó.

Cayó al suelo, sujetando su cabeza, gritando con desesperación. Los recuerdos le atacaban, le atormentaban.

«Geno, yo ya no te amo. Me das asco. Deja de intentarlo conmigo.»

Gritó y lloró.

Sus nudillos aún heridos volvieron a sangrar, golpeó el suelo hasta dejar pequeños rastros de sangre y ya no aguantó.

Tomó aquella navaja entre sus manos y lloró, las lágrimas volvieron salado el filo.

«Que pesado eres. Entiende que no, ya no te amo.»

Bastó un corte para volver a sentir aquello que le enloquecía.

Le liberaba.

Corto su piel hundiendo la navaja en aquella capa pálida y moviendo su brazo con rapidez. La sangre comenzó a fluir y el solo la tocó.

No habían lágrimas ni gritos.

¿Qué has hecho...?

Solo estaba él, sentado, apoyando su cabeza en una mesa y manchando el suelo.

Gritó, gritó de dolor al hacerse un corte profundo y ver su brazo blanco teñirse de rojo.

Lo repitió una y otra vez hasta dejar la navaja totalmente ensangrentada.

Lentamente cayó en consciencia.

«Ja. Dices lo que te conviene cuando te conviene. Que oportuno.»

Fue como haber estado en las nubes, y que de la nada se hubiera golpeado contra el suelo de manera brusca, brusca e inesperada.

La navaja cayó al suelo junto a aquél pequeño charco de sangre.

Su brazo estaba envuelto en sangre, sus manos igual.

Empezó a llorar y a desesperarse, limpiando el suelo agobiado, sintiéndose algo ahogado.

Mientras más fuerza hacía, más sangre salía. Rápidamente la puerta de aquella casa se abrió y entró Dust, viéndolo en el suelo llorando y asustado.

«Ésto se terminó. No sé qué sigues haciendo aquí.»

Cerró la puerta con llave y se acerco a él sin saber muy bien que hacer.

Solo lo abrazó.

— Dile que se calle...

Game Over | Afterdeath | Fallo Laboral 3Donde viven las historias. Descúbrelo ahora