Subo las escaleras de dos en dos, la mesa ya está puesta.
Dejo la mochila en una esquina y lanzo el abrigo sobre la cama. Un papel de color verde cae del bolsillo izquierdo.
Me siento en la cama a la vez que lo desdobló:
'' Mañana a las 16.00 en la Cafetería 5 seconds. No me falles, te espero. Alex''
La vuelvo a leer dos veces más, estoy desconcertada. No entiendo nada. Bueno, es que tampoco hay mucho que entender. Este chico no sabe donde se está metiendo.
Bajo a comer. No puedo dejar de darle vueltas. Y no os voy a engañar. Me siento entre enfadada e ilusionada. Aunque más de lo primero. ¿Desde cuando los tíos te secuestran en mitad de la calle, te llevan a su casa, y luego te invitan a tomar un café sabiendo que estás enferma?
Llego a la conclusión de que está loco. Y de que no voy a ir. Puede incluso que se esté riendo de mi.
Acabo de comer, me siento hinchadísima. Pero si no como algo me desmayo, y no quiero tener preocupada a mi madre. Ya bastante disgustada está con mis notas.
Subo a mi habitación. La verdad es que me paso ahí la mayoría del día. Tumbada en la cama mirando al techo, y con el I pod. No tengo ganas de hacer nada. Y bueno, en eso se resume mi día a día. Números en la báscula, autodestrucción, lágrimas.En fin, una pesadilla.
(...)
Al día siguiente al despertarme me siento algo diferente. Y no digo mejor. Simplemente diferente.
Me tomo un café bien cargado.
Hoy no tengo ojeras, así que no me molesto ni en maquillarme. Me pongo unos vaqueros y una camisa rosa. Un gorrito de lana, y salgo a la calle. A enfrentarme al mundo, un día más.
Ni si quiera me planteo el ir a clase, me dirijo hacia mi banco de siempre. Deseando no encontrarme a nadie conocido por el camino.
Hace dos días que no se nada de Effy. Tampoco me preocupa mucho, al fin y al cabo ella siempre va a su bola y puede estar semanas sin dar noticias.
Me acabo el paquete de tabaco mientras merodeo por el centro de la ciudad, y así paso practicamente la mañana. Dándole a vueltas a todo, pregúntandome porqué mi vida es una mierda y porqué tengo que cargar con eso. Deseando morirme, no os voy a engañar.
Pero esta mañana, Alex, el chico de los ojos verdes azulados con la sonrisa bonita, también formaba parte de mis pensamientos. Y no sabía hasta que punto podía ser bueno eso.
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Adolescente en ruinas.
Ficção Adolescente(Hay personas que dejan huella, otras dejan cicatrices.) Álex era de los que llegan de pura casualidad, con una pedazo sonrisa, dispuestos a todo, capaces de sacarte del puto infierno. Y sobre todo, pisando fuerte y dejando huella. Sin importar cua...