Siluetas.

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Pienso que la transición del día y la noche es la mejor cosa que le pudo pasar a esas personas que le gustan admirar la naturaleza por donde se la mire.
Pero cuando llega la oscuridad, suelo sentirme bastante intimidado ante tanto misterio allí afuera.
Pienso en silencio, pienso tanto en silencio que no me canso de llegar a un punto donde quizás, hablo solo. Pero también se me presenta la sensación de una presencia al lado mío.
Cuando pienso en él, me siento acompañado.
¿Miedo? Para nada.
Sé que hay otra mente, otro corazón, otra alma que me está esperando.
Pero su silueta siempre está conmigo. Siempre. No importa la situación. Pienso en ese chico y la protección me llena el interior.
Y eso suele sucederme muchísimo más a la hora de tomar mi cama. El silencio, el calor de la estufa, los ojos cansados y la vigilia de sueño queriéndome llevar con ella.
Puedo sentirme bien al abrazar a mi almohada y poder pensar en él.
La calidez llega a las puntas de mis dedos y quiero acariciar todo lo que forme parte de él.
Pero también llega con tristeza. Y melancolía. No lo puedo tener a un lado mío a veces.
Pero su silueta siempre estará allí.
Y me conforta. Por ahora.
Luego iré por esas manos rodeándome la cintura todos los días, al despertarme.

El chico que vio el cometa.Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora