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Bajo un mar oscuro, lleno de luceros, la ventolina veraniega azota mi piel suavemente.
Aspiro el aroma tan particular de esta epoca y no puedo evitar que una leve sonrisa escape de entre mis labios.

Esta sensación tan extraña de libertad en tu propia jaula, el caminar sosegada en un sendero peligroso y esa positividad... Un mar de pensamientos idílicos que comienzan a convencerte de lo que hasta hace poco creias insospechable.



Creo que ya no tengo miedo, que la pesadumbre y la desdicha me han inyectado una dosis de inmunidad ante el desidio.
Ahora solo tengo ganas de perseverar, de enfrentarme al mundo, de seguir soñando para poder hacer realidad mis anhelos y pronto gritar que lo consegui, que pude, que me lo he merecido siempre y que en efecto: Todo habra salido bien.



Fdo: Sandra



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