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Una vez más calmada, Kate, se sentó en una silla de la cocina y tomó otro sorbo de agua. Él se queda apoyado sobre la mesada.

—Entonces, ¿Me explicas que haces acá Erik?

—Yo también me alegro de verte Pu, pasó un montón de tiempo. ¿Qué es de mi vida? Nada, más de lo mismo supongo —responde irónicamente Erik.

—Dale. No estoy de humor —insiste ella.

—Si, me di cuenta. Por eso estaba intentando hacer que te rias pero parece que no sabes apreciar mi humor, así que bueno —suspiró mientras hacía una pausa y luego continuó—. Conociendo a Camilo, seguro no te dijo nada. Me contrato como tu guardaespaldas —dijo y se encogió de hombros—. No me preguntes porque, osea ni siquiera me recibí todavía. En realidad al principio yo ni sabía que era a vos a quien tenia que “proteger” —cuando dijo esta ultima palabra hizo comillas con los dedos—. Mi papá viste que trabaja desde hace años en la empresa del tuyo y bueno parece que se enteró de que te estaba buscando un guardaespaldas y lo convenció de que me contratara a mi.

Kate no podia creer lo que estaba escuchando. Hacía un par de horas, de la nada, se habia enterado que tenia un guardaespaldas y ahora, también de la nada, salia otro más.

Su padre no sólo le había contratado a un guardaespaldas, si no dos. Sin consultarle nada.

Kate se rió algo indignada, estaba bastante molesta. Odiaba que su padre tome decisiones así sin decirle nada. Encima  ni siquiera habia sido capaz de decirle que eran dos cuando le explicó lo de Luca.

A pesar de que estaba enojada con su padre y que odiaba toda esa situación en la que éste la había metido, estaba contenta por volverse a encontrar con Erik.

Años atrás se habían distanciado y nunca se volvieron a ver. Sin embargo, había algo distinto en él. No sólo su apariencia, que a decir verdad había mejorado en un cien porciento, si no también su forma de hablar y su actitud. Ya no era mal el niño molesto que sólo se fijaba en sí mismo. A pesar de haber hablado tan sólo unos minutos Kate podía darse cuenta de eso.

Por un momento se lo quedó mirando pensando en cosas del pasado hasta que después empezó a prestar más atención en el chico. Era muy apuesto, su cabello era rubio y lacio. Lo tenía recogido en una colita. Sus ojos eran celestes más bien tirando a azul y de forma alargada. Tenía algunas pecas muy claritas al rededor de las mejillas y muy pocas por el resto de la cara.

Continuó su recorrido visual por su torso donde notó, a pesar de él llevar puesta una camiseta, que estaba bastante entrenado puesto que podía ver como se le marcaban un par de abdominales.

Cuando estaba a punto de bajar la mirada fue interrumpida por el chico.

—Si seguís mirando por ahí te voy a tener que cobrar... —le dijo y luego sonrió alardeando de su belleza.

Por el día el Romantico, Por la noche el Arrogante.Donde viven las historias. Descúbrelo ahora