Cotidianeidad

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A lo largo
de mi corta vida
me di cuenta de ciertas cosas, pequeños detalles:

el cielo no es azul, es de un celeste claro;

las estrellas no son amarillas, son blancas;

el agua no es clara, es incolora;

cuando la gente ríe, echa la cabeza hacia atrás;

la música puede salvar un alma,

y la risa una vida;

el amor puede tomar muchas formas

—a veces viene con mucho pelo y menea la cola—;

el ronroneo es un sonido universal;

Dios y hola pueden decirse de muchas maneras;

el mate es una excusa para verse con alguien;

el olor del café por la mañana es muy agradable;

es hermoso que alguien se anime a llorar frente a nosotros;

ver un pájaro alzar vuelo es un espectáculo gratis;

cada familia es un mundo;

un amigo es una roca pero su abrazo puede envolverte como una nube;

un hermano es la parte del alma que nunca tuvimos;

las abejas no son necesariamente agresivas,

y las hormigas coloradas no siempre pican;

no hay nada más lindo que llegar a casa después de un día largo,

o recibir un abrazo;

Van Gogh no estaba loco, aunque hay gente que así prefiera creerlo;

los monstruos no son reales

—sólo lo son aquellos a los que les damos un nombre–;

no es malo tener miedo

—nos hace valientes—;

es muy fácil fingir una sonrisa, pero es mucho más lindo que sea sincera;

hay quienes sienten vergüenza al llorar

—ojalá aprendan que es un signo de fortaleza—;

alguien dijo: hay que reírse para no morir de pena

—porque es mejor morir de risa—;

es difícil creer en el amor

—a todos nos lastimaron—,

pero no hay nada mejor que lanzarse al vacío;

estar solos es difícil y necesario para crecer.

Mo sé nada de lo que creo saber

y soy muy joven para pretender saber mucho.

Me di cuenta que nos dieron pies en vez de alas

pero que, al final, sirven para lo mismo.

Que caminar es como volar, y que es hermoso mirar el cielo desde abajo.

Me di cuenta que un corazón roto es horrible,

pero que lo bueno de que se rompa

es que significa que puede repararse.

Que sufrir implica estar vivo,

y que las alegrías son tantas que, finalmente,

sufrir es sólo una piedrita en el zapato.

Hay que sacárselo y sacudirlo antes de ponérselo de nuevo.

Me di cuenta de que cada persona también es un mundo,

y que cada mundo tiene sus propias batallas;

que nadie nace sabiendo aunque muchos crean saberlo todo;

que no hay nada peor que un arrogante;

que para amar al otro basta por empezar con uno mismo.

Me di cuenta que todo lo que creía saber era una mentira,

y que aprendo cosas nuevas cada día.

Es necesario romper los paradigmas.

Me di cuenta que soy una aguja en un pajar,

pero mi brillo es tan fuerte que no temo estar perdida.

Me di cuenta de que darse cuenta es una pregunta en sí misma,

que la vida es un acertijo,

y eso es algo maravilloso.

Tan humana que dueleDonde viven las historias. Descúbrelo ahora