❝Quizá Persephone era la reina de su propio inframundo, pero no estaba preparada para hundirse en uno mayor y mucho menos con Derek Hale a su lado.❞
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D E R E K x O C
P R I M E R A - C U A R T A
T E M P O R A D A
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Derek Hale se encontraba extasiado, su rostro escondido en el cuello de Persephone, inhalando el olor que tanto había extrañado, mientras sus brazos rodeaban su estrecha cintura. Adoraba tenerla pegada a su cuerpo y no estrictamente por lo buena que era en el ámbito sexual, sino porque le tenía un poco más que un cariño de amigos. Tenerla cerca hacía que el mundo no fuera tan atroz y cruel, no lo hacía sentir tan vacío como creía estar. Persephone era capaz de hacerlo olvidar que su familia estaba muerta, lo hacía sentir querido, incluso si ella no lo pronunciara en voz alta.
Ambos eran un poco tercos porque habían sido heridos cuando se permitieron sentir, pero los sentimientos no pedían permiso para estar presentes, solo estaban. Se desarrollaron sin percatarse de ello. Fueron más allá de su antigua relación de solo sexo. Ya conocían las partes más vulnerables del otro, sabían lo que los hacía medianamente feliz. Estaban cómodos el uno con el otro, no solo en la desnudez física, sino en la desnudez del alma.
En silencio, estaban queriéndose a su forma. Derek y Persephone se querían, aunque ninguno quisiera admitirlo en voz alta.
Sutilmente, Derek pasó sus dedos por la espalda desnuda de ella, acariciando la piel expuesta mientras dormitaba en sus brazos sin hacer ruido alguno. Sin embargo, el toque le produjo cosquillas que la despertaron de su estado de sueño. Alzó la cabeza, ceñuda y con mechones de cabello interfiriendo su campo de visión, el cual ya estaba nublado por el sueño que continuaba en su sistema.
A regañadientes, la dejó acomodarse lejos de su cuerpo. Inmediatamente extrañó su calidez, por lo que se volteó sobre su costado para verla de frente y estiró su brazo, de modo que pudiera reposar su mano en la cintura de Persa.
—¿Alguna vez duermes? —le preguntó Persephone, su voz ligeramente ronca y adormilada. Arrastraba las palabras con pesadez—. Se está volviendo escalofriante despertarme mientras me observas.
En la oscuridad de la habitación, Derek esbozó una leve sonrisa. No solo había extrañado su cuerpo, sino que echaba de menos su personalidad y su manera de decir lo primero que pasaba por su mente sin remordimientos; había extrañado tenerla como amiga también.
—A veces —respondió.
—¿Por qué solo a veces?
Aunque no había extrañado del todo que fuera preguntona cuando estaba adormilada. Era imprudente, pero a pesar de ello, no se le dificultaba expresarle su alma entera para que lo conociera mejor. Persephone fue la única mujer en su vida que no le rompió el corazón de una manera u otra.
Se limitó a encoger los hombros en respuesta. No sabía explicar la razón por la que a veces no lograba conciliar el sueño en las noches.
—Es... extraño hacerlo.
Persephone elevó sus cejas con curiosidad.
—¿Malos recuerdos? —quiso saber. Derek movió su cabeza en un gesto afirmativo—. Entiendo. Después de que Sera intentó asesinarme, tuve una época enorme de pesadillas. Ahora duermo poco por el miedo de que venga mientras no estoy consciente —confesó en un murmuro apenas audible.