Día libre

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Toshiro se despertó de a poco, parpadeando ligeramente para acostumbrarse a la claridad. Se sentó en el futón y estiró los brazos y piernas para destensar su cuerpo, bostezando adorablemente. Ya no se sorprendía de que la habitación no tuviera vestigios de alguna pesadilla u otra cosa, pues ya era así desde hace varios días. ¿La razón? La conocía pero se negaba a aceptarlo, más por miedo que por otra razón. Pero Koe, quien lo conoce más que cualquiera, sabía y era capaz de admitir que la presencia de Matsumoto es lo que le tranquilizaba, aún si ésta no estuviera en la misma habitación. Pero algo que el albino no sabía, y que la peliverde prefería mantener en secreto por el momento, era que Matsumoto aprovechaba cuando éste dormía y se aseguraba de que no estuviera teniendo pesadillas. Cada noche, desde que fue a vivir con él, hacía lo mismo; Koe estaba feliz de que hubiera personas que de verdad se preocuparan por él, y no trataran de utilizarlo como esos bastardos de la central.

En fin. Toshiro se levantó y se alistó tranquilamente, sin prisas, ya que ese día era su día libre. Tenía pensado ir a visitar a su abuela del Rukongai, ya que tenía tiempo que no la veía y eran pocas las veces en que podía hacerlo desde que se convirtió en shinigami. Echó un vistazo a la habitación donde dormía Matsumoto y la encontró roncando a pierna suelta, con los cabellos esparcidos por toda la almohada. Sonrió y negó con la cabeza divertido, para luego volver a cerrar despacio la puerta corrediza y alejarse.

Estuvo a punto de salir para ir al Rukongai pero cuando llegó a la entrada de su casa, se detuvo dubitativo. Ahora no estaba seguro de si salir sin más o llamar a Matsumoto y avisarle.

Suspiró derrotado. Se estaba acostumbrando a la presencia diaria de la pelinaranja en su casa y eso no le gustaba para nada; ya era bastante el haberse encariñado con ella. Odiaría apegarse más a ella y que luego...

Negó con la cabeza, quitando esos pensamientos para nada optimistas, y decidió simplemente salir de allí con una falsa expresión tranquila, dejando a Matsumoto continuar durmiendo. Observó de reojo hacia su casa, pensando en muchas cosas a la vez, y luego se encaminó hacia el Rukongai sin prisas. Todo el camino fue bastante tranquilo, con casi las mismas personas por un lado y por otro, haciendo las mismas cosas que el día anterior, y el anterior, etc.. Su expresión se notaba apenas pensativa mientras pasaba hacia el Rukongai, cosa que su viejo amigo Jidambou pudo notar, pero prefirió mantenerse callado y no preguntar por las dudas.

Aunque se mostraba tranquilo por fuera, por dentro tenía un lío de pensamientos. Por un lado estaba el hecho de que aún se negaba a encariñarse más con Matsumoto o con cualquier otra persona, lo cual le generaba una sensación de soledad, pero de igual manera prefería alejarse un poco para evitar... "problemas". Por otro lado estaba el hecho de que al parecer "él" estaba movilizando a las criaturas de Hueco Mundo, y que posiblemente estaba buscando aquella daga que era muy peligrosa en manos equivocadas.

La pregunta era "¿Por qué?". ¿Sería acaso que lo estaban buscando al mismo tiempo que la daga? ¿O con qué propósito estaban revisando el mundo y luego acercarse poco a poco a Karakura? ¿Por qué no ir directamente, tal y como lo han hecho muchos? ¿Acaso "él" sólo estaba jugando? Sea como sea, no podía simplemente ir al Mundo Real y averiguar con libertad. Después de todo ahora era un shinigami, para colmo de rango Capitán, por lo tanto no podría ir e investigar sin una orden de la central. Quizás Koe pudiera averiguar algo, siempre y cuando no se ponga en riesgo de nuevo.

-Koe.-susurró al aire, de una manera imperceptible para cualquiera menos para la peliverde.

El viento sopló en un ligero remolino, dándole a entender que lo escuchaba.

-Ve al Mundo Real y averigua lo que puedas respecto a lo que sucede en Karakura. Tengo un mal presentimiento.-susurró nuevamente, sin que nadie a su alrededor se percatara.

Espíritus del pasadoHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora