Capítulo 2

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Sonó mi despertador y me levanté lo más rápido que pude.

Hoy íbamos a ir a San Fernando, el pueblo de mi ídolo, al que hace unos días estuve con él.

Me terminé de arreglar, llevaba una camiseta de triantes balnca y unos pantalones vaqueros cortos negros y mis deportivas.

Eran las 7:15 cuando mis padres, mi hermana y yo estábamos desayunando.

Mientras estabamos desayunando mis padres me explicaron lo que íbamos ha hacer durante el día de hoy.

Por una parte tenía unas ganas inmensas de llegar allí, de ver su pueblo, de volverlo a ver a él y estar en su casa como el otro día, pero por otra sabía que eso no iba a pasar, que lo de ayer había sido un golpe de suerte, un golpe de suerte de esos que rara vez te sucede.

No quería ilusionarme, pero era imposible.

Mi madre me dijo que veríamos dos playas, las dos más bonitas, y también visitaríamos el centro del pueblo. Yo busqué enseguida en Internet adonde estaba la casa de Abraham, quería verla, quizá estaba él en el jardín y podía volver a hablar con él

Averigüé que su casa no estaba en el centro de la ciudad, sinó que estaba entre el centro y las afueras. Vivía en un chalé precioso, lo había visto en fotos y en persona.

Le pregunté a mi madre si nos podíamos acercar para verlo, y tras largas súplicas, mi madre aceptó.

Finalmente pusimos rumbo a San Fernando al terminar de desayunar.

El viaje hacia San Fernando se me hizo corto. Mis padres tenían la radio puesta pero yo iba con mis auriculares puestos escuchando a Abraham. Al llegar allí lo primero que hicimos fue ver las playas. En una de ellas me bañé ya que hacía mucho calor. Más tarde fuimos a ver el centro de la ciudad. Las casas eran muy bonitas. Comimos en un restaurante y al terminar pusimos rumbo hacia las afueras, donde estaba la casa de Abraham. Tardamos un poco en llegar, me pensaba que estaría más cerca. Al llegar me acerqué a su casa. No había nadie en el jardín, me disgusté porque sabía que no lo volvería a ver, y no iba a llamar al timbre. Ya me iba cuando oí alguien detrás de mí que gritaba mi nombre. Era Abraham, me gritaba desde una de las ventanas y me invitaba a entrar.

Quizá tanta suerte querría decir algo pero como siempre os estoy diciendo, yo no soy muy fan de creer en esas historias de amor con tu ídolo, más bien pienso que es otro golpe de suerte, un golpe de suerte de esos que rara vez te sucede.

ABRAHAM MATEO: SUEÑOS CUMPLIDOS. PARTE 1Donde viven las historias. Descúbrelo ahora