Atardecer.

6 0 0
                                    

Munna se quedó dormida.
Soñó con Hamlet, en aquel prado al que solían ir para estar un rato solos.
Por aquel entonces, Unna tenía menos de diez años, pero en el sueño ambos tenían sus edades actuales.
No es que hubieran cambiado mucho desde entonces, pero ahora, las ideas estaban totalmente claras.

Munna nunca supo lo que de verdad sentía por el elfo hasta unos años mas tarde de que este se fuera.
Siempre le gustó su larga melena gris, de puntas azules.
Y el azul intenso de su ojo, ya que solo tenía uno. Incluso las cicatrices que ocupaban el espacio del mismo tenían su encanto.
Su piel, blanca y suave... Y sus orejas, más puntiagudas que las suyas propias.
Adoraba como la levantaba tan fácilmente y la dejaba sobre su barriga, pecho o regazo, para luego acariciarle el pelo y las mejillas.
Echaba de menos aquellos momentos.
Echaba de menos los atardeceres.
Echaba de menos a Letto.

Rol y la magia de vivirloDonde viven las historias. Descúbrelo ahora