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Diseñar ya ni siquiera se sentía bien.

Lo que antes era una simple especulación, se había convertido en una cruda afirmación. Los Agreste habían matado todo lo que amaba, incluso diseñar. Cada que Gabriel Agreste exigía un diseño diferente, éste era creado con un poco menos de pasión; cada dibujo pasó de ser una pieza de su alma, a ser una hoja de papel sin más.
Marinette envidiaba la manera en que Marc y Nathaniel entregaban un pedacito de sus almas en cada cómic que creaban juntos, porque ella ya no se sentía así; la vida había pasado de ser una cúspide de colores y sensaciones, a ser una pasta incolora, que al ser pisada, te atrapaba como arena movediza.
Adrien Agreste, por el contrario, ya no disfrutaba su esgrima, porque él quería a Tsurugui allí. Debía de admitir que la vida no era la misma cuando ella desapareció; ya que Kagami Tsurugui había vuelto, él no la soltaría tan fácil. La azabache, de ojos profundos y baja estatura, facinaba profundamente sus sentidos. A Adrien le gustan las mujeres fuertes.

Como cada fin de mes, los Agreste, en compañía de Marinette, cenaban en las reuniones de los diseñadores. Adrien era aturdido de propuestas de modelaje, que su padre rechazaba al decir que él sólo modelaría para Gabriel's; por su parte, Marinette, a pesar de ser una diseñadora talentosa, era ignorada casi por completo, pues al final, ella ni siquiera tenía un título que avalara sus estudios como diseñadora, ya que ella no había estudiado para ello.
El tintineo de las copas, el chasquido de los tacones de las mujeres sobre el mármol, los murmullos y las risas refinadamente falsas llenaban el espacio; pero nada podría alterar el imperturbable silencio entre Adrien y Marinette, que, a pesar de los ruidos emitidos por los contrarios, hacía eco de una manera casi imperfecta. La falta de comunicación entre la pareja parecía un silencio incómodo colocado en medio de un solo de piano; un silencio que frustra, desespera, te hace querer llenarlo con algo.

—Marinette, gracias por acompañarnos esta noche— se despidió Gabriel, mirando a la menor desde la parte delantera del auto.

—Gracias a ustedes por la invitación— se limitó a decir— buenas noches.

—Buenas noches, cariño— Adrien depositó un pequeño beso en sus labios; un beso que no se sentía para nada.

Marinette salió del auto, queriendo quitarse los tacones y el vestido que tanto le molestaban.
Marinette odiaba tanto ser esa falsa persona refinada que caminaba a la sombra de los Agreste.

⛄⛄⛄

El primer día de diciembre había llegado, con él, comenzaban los días más fríos del crudo invierno que envolvía la ciudad de París.
Al terminar su clase de esgrima, que había sido más aburrida que otras veces, Adrien se dirigió a los vestidores, posteriormente a la salida. Kagami no se había hecho presente en aquel salón, así que ya no había motivos para continuar ahí por el momento.

—¡Hey! Niño bonito— una pequeña azabache tomó la mano de Adrien; era obvio saber de quién se trataba— ¿Vienes?

—Kagami ¿Por qué no has venido a la práctica de hoy?— el semblante del rubio cambió radicalmente, ahora se mostraba feliz.

—Di sí o no— ladeó su sonrisa. Era tan bella.

—Tengo una cita...— fue interrumpido.

—¿Más importante que yo?— llevó la mano del rubio a sus labios.

—No, claro que no— claro que sí, es mi novia. Pero Adrien no lo dijo porque le doliera a quien le doliera, Kagami era más importante que Marinette— no hay nadie más importante que tú.

Adrien se marchó con Kagami. Después de hacer compras en tiendas de ropa, fueron a cenar a un restaurante fino; no sólo parecían una auténtica pareja de enamorados.

Rompiendo el hielo [LukaNette] MLBHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora