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Han pasado ya dos meses desde aquel accidente. Betty sigue en coma, y Marcos no se despega de su lado. Todos los días le lleva flores frescas, pequeñas notas y sus canciones favoritas. Incluso sus amigos cercanos han estado presentes, intentando animarlo, pero nada funciona: el vacío que dejó la ausencia de Betty es insoportable. Marcos se ha hundido en la desesperación, su vida parece girar solo alrededor de la pelirrubia. Cada mirada a la cama vacía le recuerda que aún no hay señales de que despierte.

Pov. Alexandra:
Estos meses he visto a Marcos transformarse. Lo que antes era su sonrisa, su energía inagotable, ahora se ha convertido en ojos apagados y un silencio que duele. Es mi mejor amigo y duele verlo así… como si se hubiera olvidado de vivir, como si el mundo solo existiera cuando Betty está a su lado.

Narrador:
Ya han pasado en total cuatro meses desde aquel fatídico día. La preocupación y el agotamiento marcan a todos los que rodean a Betty, pero Marcos es quien sufre más. Su esperanza se ha ido desvaneciendo poco a poco, reemplazada por la desesperación. Ha perdido la fe en que algún día volverá a ver esa chispa en los ojos de Betty, el brillo que hacía que todo a su alrededor pareciera más vivo.

Pov. Betty:
No sé dónde estoy… todo está oscuro, silencioso, pero puedo escuchar voces. Voces suaves, llenas de preocupación. Me dicen que despierte, que me necesitan… que me extrañan. Trato de moverme, de abrir los ojos, pero mi cuerpo no responde. Me siento atrapada entre mundos, entre recuerdos y sombras.

Intento recordar… lo último que sé es que estaba compitiendo. La adrenalina, la emoción, la velocidad… y luego un golpe. Todo se volvió negro.

Sigo caminando por un lugar que no conozco. Es difuso, extraño, como si estuviera suspendida en un espacio entre la realidad y la memoria. De repente, entre la penumbra, veo un hilo de luz. Una luz cálida que me llama, que me atrae, como si mi cuerpo supiera hacia dónde ir antes que mi mente.

Cada paso me cuesta, cada movimiento es un esfuerzo. Mi corazón late acelerado, aunque no sé si es real o un eco de los recuerdos. Escucho susurros… voces conocidas. Sonrisas, risas, lágrimas… pero no puedo distinguir quiénes son. Todo es confuso, pero hay algo en esa luz que me da fuerzas.

Finalmente, tras un último esfuerzo, siento que mis párpados pesan menos. Un calor extraño me recorre el cuerpo, y puedo mover los dedos de las manos. Abro los ojos… y la luz me ciega momentáneamente. Cuando mis ojos se acostumbran, reconozco… una habitación blanca, desconocida, silenciosa salvo por los pitidos regulares de una máquina. El sonido de pasos apresurados se acerca… y una voz conocida rompe el silencio:

Marcos (susurrando, entre lágrimas): ¡Betty! ¡Despierta! ¡Por favor, despierta!

Mi cuerpo tiembla, mi mente aún confusa, pero algo dentro de mí responde. Intento hablar, pero solo un hilo de voz sale de mi garganta. Mis ojos finalmente se fijan en él, y un sentimiento indescriptible me inunda. Todo lo que he querido, todo lo que he perdido… está justo frente a mí.

Marcos cae de rodillas junto a la cama, sujetando mis manos con fuerza, incapaz de contener las lágrimas.

Marcos: ¡Te tuve tanto miedo… creí que te había perdido para siempre!

Mis labios tiemblan, y consigo un débil movimiento de cabeza. Apenas un gesto, pero suficiente para que la esperanza de Marcos renazca de inmediato.

El mundo parece detenerse, y por primera vez en cuatro meses, siento que estoy… en casa.

   

   

   

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𝕾𝖔𝖑𝖊𝖉𝖆𝖉(𝕰𝖑𝖎𝖟𝖆𝖇𝖊𝖙𝖍 𝕮𝖔𝖔𝖕𝖊𝖗)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora