Pov Betty: Bueno, aquí estoy, en una de esas tantas carreras clandestinas a las que siempre asisto. Estoy casi llegando a la meta… aquí vamos… solo falta un poco más… ¡y llegué en primer lugar! ¿Qué les puedo decir? Soy la mejor.
…Oh no. Mierda, la policía.
Narrador omnisciente: Se llevaron a Betty y al otro chico. Ella solo rodó los ojos. El pelinegro estaba visiblemente enojado. Al llegar a la comisaría, los encerraron en una celda hasta que apareció Arturo, quien podría considerarse amigo de Betty.
Arturo: Cooper… no me sorprendes. Es la sexta vez este mes, y todo por lo mismo.
Betty se rió, llamando la atención del chico desconocido.
Betty: Mentira. Sí, la primera fue por las carreras, pero la segunda fue por manejar ebria. Tú sabes… haz lo de siempre, llama a Hal, él me saca y listo.
Arturo: No sé cómo te soportan.
Betty: Yo tampoco lo sé. Pregúntales a ellos, porque yo tampoco sé cómo los soporto. –dijo, mientras encendía un cigarrillo–
Arturo: Betty, no se puede fumar, menos en espacios cerrados.
Betty: No me interesa. Ahora ve a llamarlo; hoy tengo fiesta y estoy llegando tarde.
Arturo: Chico… ¿cómo te llamas?
Marcos: Me llamo Marcos.
Arturo: Tus padres ya fueron avisados, y tu papá también, Cooper.
Betty: Está bien.
Arturo se fue, y Betty se quedó mirando la nada, perdida en sus pensamientos, hasta que Marcos le habló.
Marcos: Así que te llamas Betty.
Betty se giró hacia él y respondió, sin dejarse intimidar.
Betty: Me llamo Betty. Y tú… Marcos, ¿supongo?
Marcos: Supone bien.
Marcos la observó durante unos segundos. No parecía mala chica, solo alguien buscando atención. Sonrió levemente y le lanzó una última mirada antes de apartar la vista.
¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.