Betty ya estaba por salir cuando su madre habló, con la voz cargada de tristeza:
Alice: Tú no eres así, Elizabeth… ¿qué fue lo que pasó? ¿Dónde quedó esa chica que se preocupaba por los demás, la que siempre tenía una sonrisa en su rostro? –suspiró, con los ojos cristalizados–. ¿Dónde quedó mi pequeña, la alegría de esta casa, la chica buena?
Betty: Esa chica no existe… nunca existió. Todo lo que hacía era parte de la fachada de esta familia “perfecta”. Después de todo, eso es lo que siempre nos enseñaste.
Alice no respondió, solo le lanzó una última mirada cargada de reproche y tristeza. Betty y Marcos se dieron la espalda y se marcharon. Alice los observó salir, sintiendo un vacío en el pecho.
Minutos después, Betty y Marcos llegaron al lugar donde se realizaban las carreras clandestinas. Los motores rugían, la adrenalina se podía cortar en el aire. Ambos se colocaron en posición, listos para la competencia.
El silencio se apoderó de la pista. Solo un disparo rompió la calma… y los concursantes salieron disparados a toda velocidad, desafiando la noche y la ley, en busca de la victoria.
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