Marcos y Betty salieron a toda velocidad. Ambos iban entre los primeros lugares, esquivando curvas y acelerando al límite. El pelicafé trató de alcanzarlos, pero no fue suficiente: cruzaron la meta en primer lugar.
Sin perder tiempo, Betty y Marcos fueron a recoger el premio y se lo repartieron con una sonrisa cómplice. Luego se dirigieron a la fiesta, donde Marcos decidió presentar a Betty a sus amigos.
Marcos: Mira, Betty, déjame presentarte a mis amigos. Ella es Alexandra, ella es Camila, y por último, pero no menos importante, mi mejor amigo Fernando.
Betty: Gracias, pero todo el mérito fue de Marcos.
Camila: Vamos, hay fiesta y no me la puedo perder.
Fernando: Ni yo.
Los chicos se unieron a la celebración. La música estaba alta, el lugar lleno de gente y la energía era incontrolable. Marcos sacó a Betty a bailar y pronto los demás se unieron. Más tarde, entre risas y brindis, comenzaron a beber, disfrutando del momento.
Ya avanzada la noche, algo ebrios, Marcos y Betty decidieron regresar a su casa. Al llegar, notaron que todas las luces estaban apagadas, así que subieron con cuidado y sin hacer ruido. Llegaron al cuarto de Betty, se cambiaron y se colocaron sus pijamas.
A la mañana siguiente despertaron y se dieron cuenta de lo cerca que habían dormido.
Marcos: Bonita forma de despertar… –dijo, al ver a Betty recostada sobre su pecho.
Betty: Idiota… –susurró, divertida.
En ese momento, alguien tocó la puerta, interrumpiendo la tranquilidad de la habitación.
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