Tres días después, estaban atravesando el sendero del Mt. Harvard a diez mil pies de altura. Habían explorado una gran formación rocosa por casi una hora y todas estaban sentadas en el borde del acantilado, con los pies colgando por la borda mientras disfrutaban de las vistas. Todas excepto Jade, quien insistía que estaban demasiado cerca del borde.
—Bueno, ya que estás parada allí, Sarge ¿por qué no nos tomas una foto?— sugirió Perrie.
—Estás loca—
—No es tan malo, Jade — dijo Abby
—Es un descenso gradual—
—Esta será una gran fotografía— dijo Sandra volteándose y entregándole su cámara a Jade —Asegúrate de que salgamos todas—
Jade dio un paso más cerca para agarrar la cámara, demasiado avergonzada para decirles que tenía un ligero miedo a las alturas. Caminó hacia atrás, tratando de meter a todas en el marco. Ellas volvieron las cabezas y se pegaron unas a otras, las mismas sonrisas en sus rostros, incluida Perrie.
—Uno, dos...tres — gritó tomando la fotografía. Bajó la cámara —¿Felices ahora? ¿Podrían por favor alejarse de la orilla?—
—Creo que está preocupada por ti— bromeó Celia en voz baja.
—Creo que está preocupada por la demanda— dijo Perrie provocando que Sandra se echara a reír.
Jade frunció el ceño ante ellas. Perrie era una alborotadora, decidió.
Pero Jade estaba tan emocionada como el resto de ellas. Estaban a una hora de los manantiales que Perrie les había contado. Manantiales del tamaño de una piscina, había prometido. Con suerte no tendrían que compartirlo con los osos.
—Y sabes, Jade, si nos quedamos por dos días, podríamos hacer la lavandería— Perrie sugirió, recordando la petición de Celia para una visita larga.
—¿Lavandería? Dios sí— dijo Abby —Me temo que si uso estos vaqueros, una vez más, van a caminar por su cuenta—
Todas se rieron y Jade miró hacia sus propios vaqueros sucios. Ella les había instruido para que no llevaran más de tres cambios de ropa. Sí, probablemente un día de lavado en las aguas sería una buena idea. Eso y un baño.
—Está bien. Supongo que podemos quedarnos dos noches allí— estuvo de acuerdo. Su anuncio fue recibido con aplausos.
—Ella me gusta más y más cada día— dijo Perrie.
Sandra estaba a unos pasos detrás de ella y se volteó para esperarla cuando algo llamó su atención. Un reflejo, quizás, en lo alto de la loma detrás de ellas. Mientras miraba, desapareció
—¿Vas a hacer otra hora, Sandra?— preguntó Perrie, todavía escudriñando la montaña detrás de ellas.
—No hay problema. No cuando sé que tendremos dos días para jugar—
Perrie asintió ¿Qué pudo haber causado el reflejo? ¿Vidrio? ¿Metal? Podría ser cualquier cosa. Se volteó para caminar pero tuvo la sensación de que no era nada. Se detuvo y se rascó la cabeza volteándose nuevamente, sin ver nada fuera normal, sólo los abetos dispersos y los abetos que habían encontrado puntos de apoyo en las rocas.
Se había convencido de que estas amenazas contra Jade Thirlwall eran falsas. Demonios, incluso el FBI sugería que lo eran. Pero ¿y si no fuese así? ¿Y si alguien había estado siguiéndolas todo el tiempo? ¿Vigilándolas? Y todo ese tiempo ella había estado más preocupada por pasar un buen rato, burlándose de Jade, sin protegerla.
—Maldita sea— murmuró.
—¿Vienes?—
Perrie miró a Sandra y sacudió la cabeza —¿Sabes qué? Sigue adelante. Te alcanzo luego. Conozco el camino. Quiero explorar un poco por aquí, tal vez investigar un pájaro o dos—
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El Objetivo (Jerrie)
أدب الهواةPerrie Edwards, una detective de homicidios que se ve involucrada en una misión. Jade Thirlwall, hija de un senador que ha recibido amenazas y que se niega a aceptar protección. En un esfuerzo por proteger a Jade, El FBI recluta a la detective de ho...
