CAPÍTULO 3 [Editado]

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Helen

Aquella alarma de mi móvil comenzó a sonar, y yo, lamentando otro día más de vida, seguía mirando aquella pared blanca. Tomé el móvil para apagar la alarma. Volvió a sonar de inmediato, y vi el nombre de Julie en la pantalla. Respondí rápido.

—¿Hoy irás a clases? —preguntó Julie.

—¿Tú irás? —respondí.

—Debo ir, mi padre me llevará en su auto, pero si tú no vas, yo me quedo en casa —sonreí.

—Sí, iré —contesté.

—Genial. Pasaremos por ti. O pasaré por ti; estoy convenciendo a mi papá de que me deje su auto —dijo, feliz.

—¿Puedes hacerme algo de comer? —pregunté.

—¿Por qué? —quiso saber Julie.

—Jean me dejó sin cenar. Tom vino a dejarme algo de comida a la puerta, pero Jean lo vio y volvimos a pelear. Tengo hambre —respondí.

—¿Y si hoy te quedas a dormir en mi casa? —sugirió Julie—. A mi familia le agradas, así que no creo que se molesten. Mi madre te va a alimentar y seguro que no te va a gritar —dijo, feliz.

—Me parece bien —dije, sonriendo.

—Bien, voy a prepararte tu almuerzo y el mío. Te avisaré cuando esté en tu casa. Hasta luego. Te quiero.

—Yo también te quiero —corté la llamada.

Me levanté de la cama, dejando el móvil sobre las sábanas. Caminé hasta el armario, abriéndolo para mirar detenidamente mi ropa. Me senté en el suelo, considerando qué ponerme. Saqué unos jeans holgados y una blusa negra.

Después de una hora, estaba bajando las escaleras con mi mochila y una bolsa con ropa. Vi a Tom viendo televisión mientras comía una fruta.

—Tom —murmuré, y él me miró—. ¿Dónde está Jean? —pregunté.

—Está en la cocina —murmuró.

—Me quedaré en casa de Julie. ¿Podrías pasarle el recado? —pedí, y él asintió con una sonrisa.

—Espera, Helen —murmuró Tom, extendiéndome un billete de diez dólares—. Compra algo de comida —sonreí y tomé el dinero.

—Gracias, Tom —dije, sonriendo.

En ese momento, el claxon sonó.

—Corre, antes de que venga —dijo Tom.

Caminé rápido hasta la puerta, la abrí y salí de la casa. Cerré la puerta tras de mí y me dirigí a la camioneta negra estacionada frente a casa. Vi a Julie en el asiento del piloto y caminé hasta la puerta del copiloto. La abrí y subí.

—¿No es linda? —preguntó, feliz, mientras yo cerraba la puerta—. Papá no me prestó su auto, pero me dijo que podía llevarme la camioneta. Es mucho mejor —dijo, poniendo en marcha el vehículo—. ¿Tu madre te dio permiso de quedarte en mi casa? —preguntó.

—No lo sé, no le pregunté. Le dije a Tom que le avisara —dejé la bolsa en los asientos traseros.

—Por cierto, mamá te envía esto —me extendió un vaso—. Es un licuado de mango y una dona. Y en mi mochila llevo el almuerzo —dijo, sonriendo.

—No sé qué haría sin ti, Julie —dije, sonriendo.

—Yo tampoco sé qué haría sin ti. Nos ayudamos mutuamente —dijo, feliz.

BULLYING; LesbianHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora