5. EL RETO DE LA MANDRÁGORA

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A primera hora del día siguiente, Sirius, James y Remus bajaron rápidamente a la enfermería. Sirius estaba muy nervioso porque no sabía con certeza qué decirle a Peter, además, Remus había estado muy cerca de descubrir el secreto de sus castigos. Su madre le había prohibido contarlo, cosa que Sirius no había reprochado, ya que no quería que nadie supiera.

La enfermería estaba silenciosa y solitaria. Peter se encontraba en la última camilla engullendo un plato de cereales. Al verlos, sonrió y les hizo un gesto para que se acercaran. Sirius no estaba seguro de si debía, pero James lo haló disimuladamente por la túnica, y se aproximaron.

–¡Hola Pete! –saludó James enérgicamente–. ¿Cómo te encuentras? Te ves mucho mejor.

–¡Sí, lo estoy! –corroboró Peter–. La Señora Pomfrey me curó muy rápido. Sólo pasé la noche por precaución.

Se formó un silencio incómodo en los muchachos, y James le pisó el pie a Sirius para que hablara. Sirius sabía que Remus había estado muy pendiente de él desde que se levantaron, y también era consciente que debía disculparse con Peter, pero las palabras no salían de su garganta.

–Y... –empezó Remus para llenar el espacio–. ¿Cuándo te dejaran salir?

–Hoy mismo. Antes del almuerzo.

Sirius se tomó un tiempo para observar a Peter. Sus dientes ya habían regresado a su tamaño normal, y los forúnculos habían desaparecido por completo. Se veía un poco cansado, pero en general, parecía estar bien. Con nerviosismo, tomó una bocanada de aire y habló. –Peter... –tres pares de ojos lo miraron. Los de James estaban expectantes, los de Remus parecían preocupados, y los de Peter tenían un brillo de remordimiento–. Yo estaba muy enojado con la tutoría y me desquité contigo –dijo de forma directa. De sus padres había aprendido a no disculparse, así que no lo hizo. "Los Blacks no piden perdón, Sirius"–. No debí haberlo hecho –añadió.

–No te preocupes –respondió Peter sonriendo–. Soy yo el que debe disculparse –en ese momento, Sirius volvió a recordar la voz de su madre. "Son los demás los que deben disculparse con nosotros, Sirius."

No debí haber dicho lo que dije –continuó Peter–. Estuvo muy mal, y fue muy grosero de mi parte... –dijo dudoso y lo miró con un poco de miedo–. Entonces... ¿tú y yo estamos bien?

–Claro –respondió Sirius quitándose un peso de encima. James dio un salto de alegría y fingió quitarse una lágrima de los ojos–. Este momento hay que rememorarlo con cervezas de mantequilla. ¡En la noche nos vamos a escapar a Hogsmeade!

Los demás chicos se rieron y la Señora Pomfrey les dirigió una mirada de desaprobación. –No podemos –dijo Sirius cuando la Señora Pomfrey se metió en su despacho–. Tenemos que hacer lo de las mandrágoras. Tenemos que empezar hoy.

La sonrisa se borró del rostro de James y sacó un pergamino. –He hecho algunas reglas para eso –anunció mirando sus apuntes–. Se llama "El reto de la mandrágora," y en realidad es muy sencillo –Remus le arrebató el pergamino y leyó en voz alta:

EL RETO DE LA MANDRÁGORA

1. Los participantes deben decirle a cualquier persona que pregunte, que el reto fue sugerido por su servidor. (James Potter, el mejor buscador de Hogwarts.) Además, deben decir que el señor Lunático no participó por ser prefecto.

2. Para comer, cada participante acomodará la hoja de mandrágora en el espacio que hay entre los dientes y la encía con la lengua. Deben evitar tragarse la hoja. Además, SÓLO PUEDEN CONSUMIR LÍQUIDOS, por lo que los participantes deben someterse a la dieta de la sopa.

SIZIGIAHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora