Sirius estuvo inquieto todo el camino a la enfermería. La noche anterior había sido luna llena y habían pasado muchas cosas. Remus se había transformado en hombre lobo en la Casa de los Gritos. Después, Peter le había regalado a Sirius su hoja de mandrágora para que pudiera empezar con el proceso para ser animago.
Obviamente, Sirius había tomado la mandrágora y se la había metido en la boca según las indicaciones del libro. El problema, es que estaba sumamente estresado, y no lograba comprender por qué estaba tan preocupado por Remus. Su transformación pasaba cada mes desde que lo conocía, entonces ¿por qué estaba tan asustado?
La señora Pomfrey interrumpió sus pensamientos cuando abrieron sin permiso la puerta de la enfermería. –¿Qué creen que hacen? –preguntó disgustada–. No tienen permiso para estar aquí.
–Poppy no hagamos esto otra vez –dijo James con una sonrisa ladeada–. Siempre venimos a visitar a Remus. Desde primero –enfatizó arqueando las cejas–. Sinceramente, no entiendo cómo es que no tenemos un pase VIP.
Sirius tuvo que darle la razón a James, ya que la señora Pomfrey tendría que haberse acostumbrado a la presencia de ellos cada que Remus se enfermaba, sin embargo, ella estaba ahí, retrasándolos de ver a Remus.
–Supongo que tienen razón –accedió la Señora Pomfrey a regañadientes–. Las normas de esta enfermería no son para ustedes desde hace mucho tiempo.
Los chicos se rieron triunfantes y entraron a sus anchas. Sirius vio que Remus se encontraba en una camilla dormido, su torso estaba cubierto con bandas gruesas y tenía unas enormes ojeras. Como era la costumbre, se acercaron a la camilla y se sentaron en su cama.
Un sonido despectivo salió de la garganta de la Señora Pomfrey, y se encerró en su despacho murmurando algo parecido a: "¿Quién les dice algo? Llevan haciendo esto desde que recuerdo." Sirius se rió por lo bajo porque la pobre medimaga tenía razón, después observó a Remus y se entristeció un poco. Sus amigos eran muy importantes para él, así que procuraba que estuvieran bien cada vez que podía ayudarlos. Por eso había surgido la idea de ser animagos, y también era la razón por la que se sentía muy imponente cada que llegaba la luna llena.
Después de unos cinco minutos, Remus abrió los ojos, se sorprendió por un milisegundo y les sonrió. –Son unos acosadores –dijo con voz ronca–. ¿Desde hace cuánto están aquí?
–No mucho –respondió Peter–. De hecho, acabamos de llegar y a la Señora Pomfrey no le gustó vernos.
Remus se rió y les dirigió una cálida sonrisa. –Gracias por venir –murmuró–. En serio lo aprecio mucho.
–Sabes que siempre vendremos –dijo Sirius con amabilidad. Luego, se lamió un dedo y se lo untó a Remus en la mejilla para borrar cualquier signo de ternura que pudiera haber provocado. Sirius se caracterizaba por ser una persona honesta, pero no le gustaba decir cosas empalagosas, así que solía romper los momentos con cosas así.
–¡Sirius! –exclamó Remus mientras Peter y James se reían–. ¡No hagas eso!
–Por favor –dijo Sirius con una sonrisa burlona–. A mucha gente le encantaría tener mis babas en su cara.
Remus no dijo nada y James se rió. –Pues eso es cierto –dijo mirándolo con burla–, ¿cuánta gente no quiere besuquearse con Sirius? Pero sólo te quieren para eso, ¿lo sabes?
Sirius se rió a carcajadas y se encogió de hombros. –La gente de este colegio sabe que yo no quiero nada con nadie –dijo quitándole importancia–. Soy demasiado rebelde para tener una relación.
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SIZIGIA
Fanfiction¿Si Sirius y Remus se amaban, entonces por qué Sirius le contó a Snape cómo llegar a la Casa de los Gritos? ¿Si Lily odiaba a James, cómo es que terminaron juntos? ¿Cómo hicieron cuatro chicos para transformarse en animagos? En este fic encontrarán...
