El cronómetro marcaba ahora tres horas de tiempo para el nuevo punto. No podían saber la hora exacta, pero por la posición de la Luna dedujeron que sería, al menos, las dos de la madrugada.
Las copas de los árboles se mecían suavemente por una brisa repentina que les traía el aroma nocturno de los campos del sur, el olor a río y el inconfundible aroma picante de la pólvora. Las heridas escocían debajo de los vendajes, percibían el ligero olor de la sangre en ellos, la tierra húmeda y el sudor.
Eran los olores de la guerra.
Samuel se inclinó en la orilla del río y se quitó de encima la sangre ajena y la propia de las manos y el rostro. El agua estaba fría y reconfortante. Se lavó con rapidez, pero un poco confiado ya que Guillermo vigilaba desde la segunda planta de la casa en donde habían decidido descansar. Se aseó todo lo que pudo y echó un vistazo hacia la ventana; un kar asomaba por ella, en las firmes manos de su compañero, que cubría su escabullida al río como un halcón desde su nido. La mirilla apuntó hacia él y casi podía sentir la mirada afilada y atenta de Guille a través del lente. Se sacudió las manos mojadas y regresó a la casa con cautela.
Luego del encuentro con aquél joven de ojos azules que casi los mata, ambos buscaron otro lugar más seguro para reabastecerse y repartir los suministros, en una de las casas más alejadas del pueblito situado entre Rozhok y las Ruinas. No hablaron mucho de ello. Samuel todavía estaba medio en shock por lo que había hecho, sobre todo porque estaba totalmente seguro de que lo volvería a hacer si eso significaba mantener a salvo a Guillermo. Y en torno a él giraba el otro acontecimiento que chocaba con ese asesinato; había besado a Guillermo...y él le había correspondido...
No lo pensó, fue un impulso, inevitable para él...y que también haría de nuevo.
Entró a la habitación de la segunda planta en donde Guille aún miraba por la ventana con el kar, usando la nueva mirilla x6 que había encontrado en esa misma casa. El verle allí, silencioso y quieto, alto y delgado como un árbol joven, sintió ansiedad, nervios, calidez, todo un cóctel de cosas que no había sentido antes y no entendió qué clase de hechizo le había lanzado. Tampoco llegaba a calcular el daño. Cualquiera de sus defensas no tenía oportunidad contra ese chico de cabello alborotado. También sintió miedo...miedo de fallar y de perderle.
Caminó despacio hacia el colchón roto y viejo tirado en el piso y se acomodó para pasar la hora y pico que les quedaba antes de tener que viajar de nuevo. Se quitó el casco, se apoyó en la mochila y pegó la cabeza contra la pared. Guillermo siguió cada uno de sus movimientos, pero no se movió de su posición en la ventana. Samuel supuso que él tampoco sabía cómo comportarse con él ahora, luego del beso. Sus pequeños ojos se perdían en la lejanía; a la luz de la Luna sus pupilas casi parecían negras y contrastaban de una manera hermosa contra su piel pálida. ¿En qué momento lo empezó a ver atractivo? No supo responderse, pero le veía allí parado y...lo necesitó...y lo quiso.
-Guille... -aquellos ojos le prestaron atención y Samuel palmeó suavemente el colchón, a su derecha. Guillermo dudó dos segundos, pero se descolgó el kar, se quitó el casco y se sentó a su lado. -¿Estás bien? -le miró de reojo, para evitar incomodarle.
-Sí...
Silencio. Entre los dos había una bruma delicada hecha de silencio, pero no era incómodo, porque dentro de esa bruma sentían la compañía del otro y era acogedor. Una bruma en la que cada hora parecía un año, como si hubieran pasado mucho tiempo sentados allí, durante toda una vida.
-¿Tú estás bien? -Guillermo había estado con un nudo en la garganta desde el suceso anterior, mayormente por haber visto en ese estado a su compañero. Verlo quebrado fue lo más doloroso que había visto en su vida, una sensación comparable a la del puñal en su brazo, y él tampoco entendió cómo y cuándo había dejado que Samuel lo marcara tanto. Pero al ver ahora sus grandes ojos pardos medio vacíos, sin ese brillo y ese brío tan característico en él, se sintió realmente inútil, porque no sabía la manera de regresarle su fuerza, una fuerza contagiosa que él también necesitaba para ser fuerte. Samuel le daba fuerzas y ahora que él no la tenía no sabía cómo ayudarle. Le vio suspirar con cansancio, melancólico, tal vez tragándose las ganas de volver a llorar.
-Estaré bien... -murmuró. Pareciera que sus manos necesitaban hacer algo con la ansiedad, así que sus dedos jugueteaban con los vendajes de los nudillos.
Luego de la golpiza propinada al desafortunado chico ojiazul, sus nudillos estaban sangrantes, con cortes producidos por haber chocado con el hueso. Había limpiado y vendado sus propias heridas y las de Guille, agotando las pocas curaciones que tenían. Samuel se mantenía callado y sereno, un reflejo de la noche que dominaba afuera. Pero al igual que esa noche, en su trasfondo estaba estallando una guerra. Esa calma era sólo una fachada.
Guillermo no pudo evitar fijar sus ojos en él, en cada detalle de su cara, una que se le hacía tan familiar como lo sería la de un amigo de toda la vida; sus grandes y expresivos ojos, unos que podían ser tanto intimidantes como cándidos, sus labios delineados, unos de los que todavía recordaba el sabor. Su cercanía le hacía sentirse bien a pesar de que él no lo esté, estaba a su lado y aún así le quería más cerca. Ignorando la vergüenza, se arrimó aún más, hasta que sus hombros quedaron pegados y se sintió enrojecer al ver que Samuel dejaba caer la cabeza en su hombro, aceptando su contacto.
Era como si el caos del exterior y todo el horror que habían vivido se hubieran esfumado de repente, como si nunca hubieran existido.
Guillermo descansó su cabeza en Samuel y así se quedaron hasta que fue hora de volver a partir. Sonó la alarma del rastreador y Guille se puso en pie con desgana. Suspirando se giró para tomar el kar, pero en vez de eso miró a Samuel, quien seguía sentado, como dudando en seguir con aquello. Lo miró desde abajo con ojos tristes, y Guillermo vio reflejado su mismas dudas y miedos, cuestionándose si de verdad lograrían aguantar hasta el final...
Estiró su mano izquierda, ya que su brazo derecho no tenía la fuerza para levantarlo debido al puñal. Samuel le dedicó una media sonrisa y la tomó, poniéndose de pie frente a él, a la misma altura, y no le soltó. Guillermo se mantuvo quieto, con la mirada totalmente perdida en Samuel mientras éste entrelazaba sus dedos con los suyos, con delicadeza, como temiendo que lo soltara, pero Guille no lo hizo.
Silencio.
No necesitaban palabras para decir nada, era un silencio que lo decía todo. Con sus miradas bastaba.
Al unísono, dieron un paso hacia adelante hasta que sus frentes se tocaron, cerraron los ojos buscando en ese pequeño e íntimo contacto la fuerza necesaria para seguir, un motivo por el que salir al exterior a enfrentarse con la muerte y vencer.
Lo hallaron en los labios del otro, en un beso que de apoco los fundió en uno solo. En la habitación en ruinas ya no se oyó el silencio, sino el sonido de los besos, de los abrazos, de los suspiros y de dos corazones que retumbaban de nuevo con vigor. Sus manos se aferraban con fuerza una a la otra en un mudo apoyo, volvieron a mirarse profundamente a los ojos y, como si hubieran recargado baterías, se dispusieron a partir.
El nuevo punto se cerraba cerca de donde estaban, así que, amparados por la noche, recorrieron el camino caminando con cautela hacia el este, bordeando el punto para no entrar de lleno en él. Incluso en la noche podían ver el campo de fuerza devorándolo todo a su paso.
Se detuvieron en una pequeña colina boscosa para decidir el próximo paso. Oían a lo lejos disparos y explosiones, y cayeron en la cuenta de que tendrían que permanecer fuertes, más aún, de ese momento en adelante. Entraban en plena zona de conflicto y aún quedaban bastantes sobrevivientes, todos ellos seguros enemigos. No lo dijeron, pero sintieron miedo, mucho, pero nada comparado con el miedo a perderse.
Y, allí de pie ante el caos, Samuel y Guillermo volvieron a mirarse, buscando en el otro su propia valentía.
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"Compañeros" - #WIGETTA - (PUBG)
FanfictionY en el medio del fuego del caos, dos personas encontrarán la fortaleza suficiente para sobrevivir y luchar hasta el final...y tal vez encuentren algo más.