Capítulo 3: Disculpa

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-El mundo ya no es como lo solía ser... O bueno si... Solo que antes no lo vivía como lo estoy viviendo ahora, y como lo viví hace un tiempo... Los tiempos cambian, y cambiaron, pero pueden volver, y están volviendo. Hace un tiempo tuve miedo, y el temor de que ese miedo volviera a ocurrir, lo vuelvo a sentir.

La noche oscureció la tarde lluviosa para convertirse en una hermosa noche de brisa. Después de lo ocurrido en la ciudad, Ivette y Rebeca se fueron juntas a casa, viven un poco cerca; las separaban unas cinco cuadras, así que hacen el mismo recorrido.

-Se nos hizo tarde.

-Tienes razón, aunque gracias a esos jugos regados no nos divertimos solas.

-Creo que valió la pena chocarme con ellos después de todo. Un accidente en donde nadie sale herido. -(Ojalá todos fueran así).

-Entonces, ¿Hasta mañana?

-Sí, será hasta mañana.

-Te veo en la universidad. Cuídate.

-Gracias, igual tú.- Ivette la quedó mirando mientras se marchaba.

Rebeca se dio cuenta de esto y miro hacia atrás. -Mándale saludos a tú hermana.- Sonrió.

El punto de despedida no estaba tan lejos de su casa, tarda unos 5 minutos en llegar. Siempre se despiden en el mismo lugar.

-Ya estoy en casa. ¿Dónde andas?

En estos meses pasa en el mismo lugar; la sala, frente al computador, aveces viendo una serie o algún documental, otras veces leyendo. Intenta olvidar el dolor de su corazón pensando en otras cosas.

-Buenas noches. Llegas tarde.

-Hoy pasaron muchas cosas.

-¿Conseguiste novio?

-¿Eh? ¡No!

-¿No crees que ya es hora?

-¿No crees que sea hora de alejarte del computador?

Su hermana quitó la mirada de la pantalla para dirigirla hacia Ivette. Una mirada que dijo mucho a la vez que nada.

-...

-Voy a hacer la comida.

-¿No te vas a cambiar o a bañar?

-Sí, solo dejaré el arroz cocinando para ganar tiempo.

-Papá llamó, dijo que hoy no iba a poder venir.

-Pensé que no vendría mañana. No lo tendremos ni hoy ni mañana.- Suspiró. -Voy a cambiarme, cuida del arroz mientras tanto.

-Si se quema no es mi culpa.

Ivette se acercó a su hermana para acariciar su cabeza. -Entonces comeremos arroz quemado.

La casa de Ivette es de dos plantas y el cuarto de Ivette está ubicado en la segunda al igual que el de su hermana y papá.

-¿Qué estará haciendo mi papá? Cómo quisiera estar ayudando.
¿Tendré tiempo para darme una ducha? Creo que no.

Ivette al bajar las escaleras se quedó paralizada al ver a su hermana en frente de la cocina.

-Eh, ¿Eres tú?

-¿Ah?- Volteo para ver a Ivette. -Depende de quien quieres que sea.

-Quiero que sea mi hermana, aunque no lo parece.

-De vez en cuando hay que ser diferentes.

-Ojalá y ese "de vez en cuando" se convierta en un "siempre".

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