CAPÍTULO 4: SENTIMIENTOS ENCONTRADOS: ANTES DE LA BATALLA FINAL...

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La contienda final todavía no comenzaba y Atenea ya había perdido a casi toda su armada en manos de la despiadada Morrigan. La muerte invadió el terreno sagrado y en cuestión de minutos se llevó las vidas de cientos de valientes guerreros.

Tan solo se mantenían con vida los doce Caballeros Dorados, algunos Santos de Bronce y varios otros guerreros que se encontraban en misiones fuera del Santuario. El juicio final de la humanidad estaba a pocos días de tener lugar y poco sabían los protectores de la Tierra de la amenaza que enfrentarían.

==Santuario de Atenea. Cementerio==

Tres días les tomó a los sobrevivientes dar honrosa sepultura a todos los caídos. Lapso de tiempo en el cual fue completamente abarrotado el lugar destinado al descanso eterno de los guerreros de varias generaciones.

En medio de aquel terreno poblado de toscas lápidas improvisadas, una joven mujer rubia ataviada en armadura dorada, lloraba la reciente muerte de sus compañeros.

—«No había señales de lucha o resistencia en sus cuerpos —reflexionó, apretando los dientes en un intento por contener su ira—. En unos pocos segundos los asesinó con su poder sobrenatural».

En el rostro descubierto de la Amazona de Oro que visitaba las tumbas, era evidente la extrema amargura.

—¡No pudimos hacer nada por evitar la pérdida de tantas vidas! —gritó, perdiendo el control de sus sentimientos.

Al golpear la tierra con frustración en un impulso, le fue imposible contener el flujo de las lágrimas que rezumaban sus brillantes ojos azules.

—Soy débil… ¡Demonios, soy demasiado débil! —se reprendió a sí misma, azotando repetidas veces una de las sepulturas de piedra—. ¡Esta armadura dorada solo me sirve de adorno!

—No seas tan dura contigo misma —intervino un amable joven de cabello también rubio, el cual había aparecido en escena sin que ella lo notara.

Aquel muchacho de rostro cálido estaba arrodillado a su lado regalándole una consoladora sonrisa. A la chica parecía no importarle que su colega Eleison de Capricornio contemple su cara descubierta.

—No me gusta ver tu rostro lleno de lágrimas. Por favor, muéstrame la hermosa sonrisa que ilumina siempre mi corazón.

—Es imposible que sonría ahora. Y no sé cómo es que tú tienes la sangre fría para hacerlo en un momento como este —le recriminó furiosa la Amazona.

—Tú me conoces mejor que nadie, Kyrie —repuso tranquilamente Capricornio—. Sabes que por dentro estoy muriendo de pesar y pena por la pérdida de nuestros compañeros, pero de alguna forma debo mostrar calma y ánimo a mis compañeros dorados, ¿no crees?

—¡No! ¡Estás equivocado, Eleison! —le reclamó tajante la rubia, llorando a lágrima viva—. ¡¿Por qué no aprendes a demostrar lo que verdaderamente sientes?!

Él no perdió su carácter amable a pesar de los fuertes reclamos.

—Entiendo bien cómo te sientes, pero si pierdes la calma ahora, no lograrás concentrarte en la batalla que se avecina. Te conozco y sé que eres una mujer fuerte, solo tienes que seguir demostrándolo.

Eleison la tomó de la mano y sin previo aviso le dio un fuerte abrazo. Eso era justo lo que le hacía falta a Kyrie en tal momento de dolor emocional. En silencio se dejó reconfortar por esos cálidos brazos que la rodeaban.

—Gracias, hermano —susurró ella, acomodándose en el pecho del joven en cloth de oro.

Kyrie de Escorpión fue la última guerrera en formar parte de las nuevas filas doradas de Atenea. Era la más inexperta de los doce, pero también la que poseía uno de los mayores sentidos de justicia. Siempre fue respetada por sus colegas que tuvieron la oportunidad de conocer el esfuerzo y la constancia que ponía cada día al extenuante entrenamiento.

CATACLISMO 2012Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora