Benedict, Habitación, Casi Humanos

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Planeta Pico Sangre, año 3015

La habitación de gerente del hotel estaba oscura, no había ninguna filtración de luz por ninguna ventana al exterior. Elissa Rhee se topó contra lo que para ella fueron dos taburetes de madera.

— Luz — debía probar si se encendían con ésas simples palabras.

Para su sorpresa, las luces se encendieron y Elissa vio por fin la habitación del fallecido Monsieur Benedict, era una suite al parecer de ella.

La habitación constaba de tres salas sin ninguna pared entre ellas, las tres se continuaban las unas a las otras. La primera tenía un óvalo dorado y rojo de sillones y sillas de madera aterciopelada, al centro había una mesa de vidrio decorado con cigarreras y botellas de whisky, coñac y ron puro. La segunda habitación tenía una pequeña alacena y una cocina equipada con los mejores aparatos: una estufa hecha de aluminio compreso, un horno microondas, tostadora, licuadoras y lava platos, todo hecho de aluminio y acero de la mejor calidad; la tercer habitación era una cama dorada centrada, rodeada por cuatro taburetes con cigarrillos y habanos terrestres a medio consumir, Elissa dedujo que Benedict era aficionado al tabaco, o al menos lo fue alguna vez. No halló pistas del cuerpo de Benedict, la puerta no estaba forzada, ninguna de las ventanas o las cortinas estaban quebradas o rasgadas.

Decidió meterse al baño.

El baño de la habitación estaba al fondo y a la derecha de la puerta, Elissa dijo las palabras para que la puerta se abriera.

— Puerta — se abrió.

El baño era una masacre de sangre, vísceras y un cuerpo a medio descomponer en la tina de agua rosada y grumosa. La cabeza del señor Benedict veía a la izquierda, mientras su cuerpo lo hacía a la derecha, no poseía ojos, sus manos estaban abiertas como flores de invierno, y su pecho estaba lleno de punzadas, golpes y apuñaladas largas y profundas.

— ¿Con que tenemos a Elissa Rhee husmeando por aquí? — Dijo una voz detrás de ella. No la reconocía.

Ella no quiso voltear a ver, se quedó observando la tina con el cuerpo.

— No mires mi cuerpo, niña. No — dijo la voz —, sólo voltea. No tengas miedo... por favor.

Elissa volteó.

La figura que la veía parecía ser la misma que la estaba en la tina. El mismo cabello cano despeinado, el mismo bigote delgado sobre los labios, se parecían demasiado. La única diferencia eran los ojos... la figura tenía ojos negros y punzantes, el cuerpo de la tina no los tenía.

— ¿U-usted? — Titubeó Elissa y señaló hacia la tina.

— No, niña. No me morí — dijo la figura de Benedict —. Déjeme presentarme como es debido. Soy Monsieur Benedict, gerente del Hotel Infinito. A usted ya la conozco... es la nueva Elissa Rhee.

Ella asintió.

— S-se suponía q-que usted e-estaba muerto — dijo Elissa titubeando.

— No, para nada, chérie — sonrió el gerente Benedict, su voz era rasposa —. Si estuvieras al mando de éste hotel durante más de una década te darías cuenta que todos tenemos límites, niña.

— Entonces... ¿no está muerto? — Preguntó Elissa perdiendo un poco del miedo.

— Claro que no, tal vez moribundo o enfermo, pero no muerto. Este cuerpo viejo puede aguantar varios años más, chérie — Benedict se fue a sentar en un sillón rojo y se sirvió un vaso de coñac.

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⏰ Last updated: Jan 18, 2019 ⏰

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